Gonzalo Rojas: "¿qué se busca, qué se halla?..."

Paula Giovanetti • Universidad de Santiago de Chile

No es de extrañar que Gonzalo Rojas (1917-2011) haya tenido una estrecha amistad con el mexicano Octavio Paz, una amistad en la sintonía de un profundo amor a la poesía como metáfora de otro Amor, uno más pleno, uno más buscado. "Y del mismo modo que a través de un cuerpo amado entrevemos una vida más plena, más vida que la vida, a través del poema vislumbramos el rayo fijo de la poesía", dirá Pazi, casi contestando la pregunta más conocida de Rojas, "¿qué se ama cuando se ama?".
Esta pregunta marcará la obra del poeta de Lebu, y lanza dicha inquietud en diálogo, pues sostuvo siempre que todo poeta está destinado intrínsecamente a la comunicación, al coloquio permanente con otros poetas. Su poesía, clasificada por los estudiosos como surrealista y carnal, permanecerá inclasificable por contener la testaruda insistencia de amar "algo más que esos ojos azules, algo más que esa piel canelaii. Más que cualquier movimiento literario, más que cualquier estilo, el "entrever" que describe Paz será la consistencia de su oficio; y su objetivo, buscar tras lo aparente sin conformarse con el esplendor del cuerpo, sino que persiguiendo ese "algo más".
¿Qué se ama cuando se ama? Es quizá el desgarro sensitivo de su poesía; la síntesis de su interrogante. ¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? /¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?/ ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, /o este sol colorado que es mi sangre furiosa/ cuando entro en ella hasta las últimas raíces? Es verdad; su poesía nace de la exaltación que la mujer le produce, pero es en ella que la búsqueda recién empieza, despierta, y genera otra pregunta aun más potente: ¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer /ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, /repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces /de eternidad visible? /Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra /de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar /trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, /a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraísoiii.
El amor de Rojas es de vida o muerte; contiene la desesperación de un amante empedernido, y al mismo tiempo, la profundidad metafísica de un enamorado del ser. Herido por una nostalgia permanente, se leerá siempre en él a alguna mujer "que entra y sale como una bala locaiv", que se mantiene en su alma como "cicatriz", y se encontrará también la inconformidad por ese amor nunca suficiente, nunca total, que lo lleva a intuir que esta mujer es "partícula fugaz de la eternidad", porque que su cuerpo es reflejo de otro Cuerpo.
La intensidad del Rojas que nos deja, es solo comparable a la intensidad del Rojas que nos queda en la retina, y que devuelve al amor la dramaticidad que le compete, la dignidad que le han quitado. "Ser -como los divinos- de repente", "arribar a Lo Eternov": en esto consiste su hambre amorosa. Por eso dura y permanece, como la sugerencia que brota de su pregunta "¿qué se ama cuando se ama?".

i Octavio Paz. El arco y la lira, 1956.
ii Gonzalo Rojas. La Salvación, 1977.
iii ¿Qué se ama cuando se ama?, en "Más de lo Mismo", 1998.
iv Del poema Carta del suicida, 1940.
v De la Carta a Huidobro,1994.