Escucha la voz única del ideal

María José Viedma • Estudiante Enfermeria PUC • Publicado el 26-09-11

El viernes que pasó en una clase de la universidad, una chica se me acercó para preguntarme si yo había sido la primera que entró a Enfermería. Quería felicitarme y poder decirle a sus amigos que me había conocido. Me sorprendió este encuentro, no entendía por qué, después de varios meses, a algunas personas les llama tanto la atención que yo haya elegido estudiar enfermería. Estoy segura que si estudiase medicina, nadie se sorprendería, ¿por qué tanta diferencia?
Creo que a la gente le sorprende que aún existan personas que crean en la vocación, y que apuesten por ella, como si la vocación ahora fuese un lindo ideal romántico, pero nada tangible, un cuento de hadas nada más. Creo que a la gente lo que le sorprende es la libertad con la que fui capaz de elegir. ¿De dónde nace esta libertad?
El mundo nos mide por lo que somos capaces de producir o por nuestros resultados. Por el puntaje de una prueba, la fama de una carrera, el éxito económico, el trabajo que podamos conseguir. Una cosa tras de la otra. Con esos criterios nos evalúan a nosotros y en base a ellos determinan nuestro grado de felicidad, a tal punto, que nosotros mismos terminamos creyendo igual. Ese se transforma en nuestro criterio para todo.
Mi carrera la tengo que elegir por el éxito económico que me pueda brindar, la seguridad laboral que me ofrezca. Mientras “más puntos” pida la carrera, mejor. Esa es la que te tiene que gustar. Parece que no hay ningún otro criterio.
En mi camino de confirmación, junto a las amistades que se me donaron descubrí un criterio más grande que ese. Recuerdo cuando hablamos de “La voz única del ideal”. La vocación es un llamado. La vida es un llamado, una voz a la que hay que escuchar. La realidad misma nos muestra cual es nuestro llamado, nuestra vocación. Este hecho que me conmueve a mí, solo a mí, es un signo!. Quise empezar a leer mi vida como un signo para entender mi vocación. ¿Por qué mi corazón gritaba tan fuerte en ese encuentro? ¿Por qué esto me maravilla tanto? Podía haber mucha gente conmigo, pero habían hechos que solo a mí me llamaban la atención. Yo quería estudiar enfermería. No medicina, enfermería. Y no por ser mediocre.
Entendí que  mi valor no dependía de lo que fuera a hacer, o lo que fuera a estudiar, o el cargo al cual pudiese llegar. Mi valor me venía dado desde antes, yo era amada desde siempre!. Alguien me amaba todos los días. Dios me ama todos los días. Estoy viva, soy amada.
Antes al escuchar la palabra vocación pensaba en algo lejano y terrible. Vocación la tienen los curas, las monjas y la gente que se va a África. Yo no puedo ser cura, no quiero ser monja, y no quiero irme a África, así que ojala no tenga esa vocación. Después entendí que la vocación no es nada más que mi camino a la felicidad. Dios me ama gratuitamente y para agradecerle tengo que seguir la brújula que él ha puesto en mi corazón. Elegir por una felicidad grande!. La vocación no es una tortura, sino mi camino a la felicidad, mi camino a Dios.
Yo estaba segura de lo que quería mi corazón, pero cuando llego el momento definitivo de elegir, todo se volvió un caos en mí. Mis profesores y todo alrededor me gritaban (incluso literalmente) que eligiera la carrera según el criterio del mundo. “Elije medicina!!, el mundo te necesita! Solo así podrás ayudarlo, no te pierdas!!” como si por elegir otra cosa estuviese condenando al mundo. Fueron unas horas terribles. Pero justo en ese momento, apareció un rayito de luz de nuevo, que me hizo recordar todo lo que había vivido. Me hizo recordar el amor de Dios. Un llamado de mi mamá, diciendo que eligiera por mi felicidad, me devolvió a la tierra. Esa era la realidad, no lo que me habían gritado. El mundo se salva, yo me salvo, no cuando elijo por el prestigio, la fama o la moda. Yo me salvo cuando elijo escuchar la Voz Única del Ideal y mi sí puede salvar al mundo. Solo así no me perdería.
En el momento que decidí, no entendí las repercusiones que podría tener mi decisión. En la capilla decían que un sí o un no tiene consecuencias cósmicas, pero yo no me imaginaba nada. En ese momento decidía por mí. Unas semanas después una chica me hablo por chat y me contó que gracias a mí había entrado a estudiar este año. Ella quería estudiar medicina, y cuando supo que no quedó, fue como si el mundo se hubiese acabado. Cuando vio que yo con un puntaje que me alcanzaba para estudiar lo que ella quería, elegía estudiar enfermería, volvió a valorar las cosas, se dio cuenta que elegir otra carrera no es fracasar. Ahora somos compañeras.

Estoy feliz de haber elegido estudiar enfermería-obstetricia. Cada día que pasa confirmo mi decisión y que esta es mi vocación, mi llamado. Ahora veo algunas de  las consecuencias cósmicas de mi si, aunque no acabo de entenderlo todo. Justo cuando pensé que ya todo había terminado me piden que escriba esto. Y cuando creí que ya me había arrancado de escribirlo, aparece la chica del principio para recordármelo. Signos y más signos. Mejor no seguir arrancando.