Omnipotencia de Dios y libertad del hombre

Giacomo Samek Lodovici • Publicado el 30-09-11

Durante la homilía, pronunciada el domingo durante la misa celebrada en Friburgo, en el ultimo día de su viaje a Alemania, Benedicto XVI tocó, aunque brevemente, el terrible e inquietante problema del mal y de su relación con Dios. Si Dios existe, ¿por qué existe el mal? Sobre todo, ¿por qué existe el sufrimiento del inocente? Es una pregunta dramática que desde siempre agobia la conciencia humana, tanto que el mal es la más grande y frecuente objeción a la existencia de Dios.

El Papa en esta ocasión no tocó la cuestión del sufrimiento del inocente causada por la enfermedad, o por una calamidad natural, o por la muerte (no tocó la cuestión desde el punto de visto ontológico, también porque el tema necesitaría el espacio de una monografía y no basta el espacio de una homilía...]

El Papa tocó el tema del mal moral, es decir el tema de los sufrimientos humanos causados por los hombres. Como dijo el Papa “hay teólogos que, ante todas estas cosas terribles que suceden hoy en el mundo, dicen que Dios no puede ser omnipotente”. Muchos se han preguntado: “¿dónde estaba Dios en Auschwitz o en los Lager nazistas, o en los Gulag comunistas, o en los muchos campos de concentración de la historia?”. En efecto, si Dios es omnipotente, ¿por qué no impide el mal moral, es decir la maldad de los hombres?

El Papa respondió que sin duda Dios es omnipotente, pero “ejerce su poder de forma diferente a como los hombres lo suelen usar. Él mismo ha puesto un limite a su poder, reconociendo la libertad de sus criaturas”.

En efecto, Dios non es el autor de los actos malvados de los hombres, pero podría evitarlos. Entonces, ¿por qué los tolera? La respuesta es articulada porque las razones son por lo menos cuatro.

1) Dios tolera los actos malvados porque de ellos saca un bien mayor o evita un mal peor (es un tema que no podemos profundizar en esta sede).

2) Si Dios impidiera el mal moral, quitaría su manantial que es la libertad. Dios podría quitar la libertad al hombre, pero así lo privaría de la estupenda capacidad que lo enaltece por encima de los demás seres vivientes, que lo enaltece por encima del universo.

Como escribió Cornelio Fabro “la Imago Dei [imagen de Dios] esta sobre todo en la libertad!”. En efecto, antes de actuar, el hombre examina las alternativas entre las cuales elegir, las posibilidades, los éxitos de sus posibles elecciones y a través de la libertad crea lo que hasta el momento de su elección no existía, lo que antes era solo una posibilidad. Entonces el ejercicio de la libertad “se parece y se acerca a la creación” que crea lo que antes no existía. En efecto, cualquier evento físico “se encuentra contenido en sus causas (no sólo las eclipses, los terremotos, las desgracias, también el producirse de las estaciones, el reproducirse de los animales y todo el desarrollo de la vida en el mundo)”,  en cambio lo que nace por la acción libre del hombre “no está contenido en la serie o cadena de las cusas”. La acción humana no es como el movimiento de las teclas de un domino, que es la continuación y la trasmisión a la tecla siguiente de un impuso recibido de la tecla que la precede.
Lo escribió estupendamente Hannah Arendt: “actuar... significa tomar una iniciativa, empezar” y “ para que hubiera un inicio fue creado el hombre... Este inicio no es como el inicio del mundo, no es el inicio de algo, sino de alguien, que a la vez es un iniciador. Con la creación del hombre, el principio del empezar [emprender] entro en el mundo y esto naturalmente es sólo otra forma de decir que el principio de la libertad fue creado cuando fue creado el hombre... El hecho que el hombre sea capaz de la acción significa que de él se puede esperar lo inesperado”.

3) Si el hombre no pudiera cumplir el mal, si Dios impidiera su maldad y si entonces el hombre no fuera libre, con eso mismo no podría tampoco cumplir el bien: si yo no soy libre no puedo elegir odiar y asesinar, pero tampoco amar, donarme, sacrificar mi vida para los demás, etc. La maldad es el rostro tenebroso de ese Giano bifronte que es la libertad: si no existiera la maldad no podría tampoco existir el bien moral.

4) Como explica Kierkegaard, Dios se dirige al hombre como un enamorado que ofrece su amor a la amada, pidiendo que el hombre corresponda a su propuesta de amor: “es incomprensible, es el milagro del amor infinito, que Dios” al hombre “pueda decir casi como a un aspirante...: ¿me quieres, si o no?”. Precisamente por esto lo deja libre, es decir el hombre es libre porque Dios le propone participar en la comunión amorosa con Él y “el Dios del amor no quiere de ninguna manera obligarte. ¿Cómo podría el amor pensar en obligarte a amar?”: si el hombre no fuera libre no podría conseguir la felicidad, que es la total comunión con Dios.

Con estupor y con (justo) orgullo Fabro nota que en efecto Dios puede aniquilar al hombre, pero “no puede sostituir el sí o el no de mi voluntad”, porque una libertad invadida del exterior, “colonizada” y coartada, no es más libertad. Por esta razón, añade el pensador del Friuli, “Dios mismo, durante la anunciación a María, estaba en escucha expectante” y por esto “san Bernardo impaciente escribe “apresúrate, vamos, contesta pronto María!”. Pero María esperó y respondió como se debía: con la libertad que conviene al bien, para lanzarse (al final) en los brazos del infinito” y la respuesta libre que Dios esperaba de María es análoga a la que Dios, como un enamorado, espera de cada hombre.

Asi, dice Fabro, “si existe algo... que a veces produce temor y a veces alegría por ser hombres, ésta es la libertad”. La voluntad-libertad es tan grande que Fabro afirma: “después del absoluto no hay nada mas grande al mundo” que la libertad y “la historia (del mundo) tiene entonces sentido... en función de esta libertad”.

Tiene sentido en función de la elección de co-responder o rechazar la propuesta de amor de Dios, como dice Kierkegaard: “se vive una sola vez... y mientras tu vives esta sola vez y la duración de esta vida se acorta cada minuto que pasa, el Dios del Amor está en los cielos, lleno de amor, también hacia ti. Si! Hacia ti, Él querría que tu quisieras lo que él quiere querer contigo por la eternidad... el Dios del amor no quiere obligarte. Como podría pensar el amor obligar a amar?”.