Diario de una experiencia 2

Trabajo y oración en compañia de las monjas de Quilvo

Valeska Cabañas • Publicado el 31-12-2011

"Hubo un hombre que vivió en el este hace siglos; hoy, no puedo mirar una abeja o un gorrión, un lirio o un maizal, un cuervo o una puesta de sol, un viñedo o una montaña, sin pensar en él, si esto no es ser divino ¿qué es?" Ésta es la mejor descripción de lo que vi en las mujeres que viven en Quilvo: la unidad de la vida dada por vivir todo en la presencia de Jesús… mujeres enamoradas.

Hace unas semanas fuimos a Quilvo, un monasterio de monjas trapenses cerca de Curicó, en todo caso un lugar que parece bien desconocido para cualquier turista, sin embargo una vez que se va allí se vuelve una estrella iluminadora para toda la existencia, pues ellas viven en la memoria de Jesús y en la intercesión por el cumplimiento de nuestro destino (¡y nosotros esto ni lo imaginamos antes de verlo!). Fui con mis amigos a los días de cosecha de cerezas, cuatro días. Estuvimos trabajando dentro del monasterio, ¡con ellas! fueron los días más hermosos de mi vida, porque contenían todo, una posesión de todo, me sentía llena de la memoria de lo que amo (mis amigos, mis padres, las pasiones que tengo). Mirando estas mujeres y a mis amigos recordaba la grandeza y a la vez la fragilidad de los "sí" que damos en la vida, qué increíble que Dios se haga tan frágil, que se haga Niño, que se haga pequeño para alcanzarnos.. nuestros pequeños "sí" son siempre la posibilidad de Su nacimiento, así como los sí cotidianos de estas mujeres, que reafirman el primer sí, y pero sobretodo afirman vivir de un amor presente.

Particularmente me acuerdo del rostro de la Madre Anna, una mujer italiana de las fundadoras del monasterio en Chile, ella me miraba mucho, entre el silencio y la esencialidad de sus preguntas, mientras me contaba cómo fue que llegó a Quilvo, cómo había llegado antes a Vittorchiano –la casa fundadora-, y el amor que la sostiene: porque parecía una niñita asombrada aun por todos los pasos que había dado, por el encuentro con Jesús, y por cómo Jesús había encontrado y preferido a cada una de sus hermanas también.. si tuviera que describirla en pocas palabras diría: es una mujer amada de un modo desbordante, creo que María debe haber tenido una mirada parecida a la suya, llena de ternura, llena de curiosidad, llena de amor.. con su mirada fija era como si me preguntase qué historia vine yo a contar al mundo, qué afirmo ante Dios y ante mis amigos y en cada circunstancia.. era un poco incómodo, pero me encantaba estar con ella.

La última noche me levanté para rezar con ellas la Vigilia, fui con dos amigas más.. era a las 4.15 am, duraba como una hora.. en verdad casi no recé, por lo menos no en voz alta, porque su voz era una sola voz y era hermosa, y yo no llegaba ni a un octavo de su tono, sin embargo deseaba tanto oírlas, deseaba tanto rezar con ellas, así como los días anteriores deseaba ir a sacar las cerezas.. en realidad estando con ellas no importaba mucho lo que hacíamos, todo era unitario: trabajar, tomar bebida y el sándwich, o rezar.. todo entre ellas era una disposición del corazón, cada gesto era disposición para acoger a Jesús que estaba presente (es la única explicación que veo para lo que vi). Incluso si no sabías rezar como ellas, con un canto imperfecto tu corazón iba cambiando. Su canto, sus gestos, su trabajo, su silencio invitaban a vivir así, a estar ciertos de la presencia de Dios, del amor y la Misericordia de Dios; pues si bien nuestros gestos eran imperfectos, como los de una niña que balbucea intentando imitar a alguien grande que dice las palabras de un modo que nunca habías oído, eso no era lo que prevalecía. Lo primero que nacía era decir "qué bello" "qué ganas de vivir así". Yo me sentía como una niña que puede empezar a balbucear porque ve alguien en quien se cumple aquello para lo cual está hecha, pues ellas nos muestran la humanidad a la cual todos estamos llamados, una humanidad completa, hermosa. Por eso yo me sentía como una niña que balbucea frente a la ternura de Dios padre.

Los días después de regresar, en clases y en casa han sido responder a la pregunta que me nace de la memoria de ella.. y esa nostalgia que no me abandona se ha vuelto más petición. El otro día se lo contaba a un amigo, y él me decía que sentir esta nostalgia no es malo, y tampoco una estafa de la promesa que creció estando allí, pero que tenía que ir al fondo, que la nostalgia es un recurso que hace más verdadero los días allá, y con ello todas las relaciones presentes; porque de otro modo habrían sido días de evasión, pero no era así, no fueron días de evasión, sino los días más presentes de mi vida. Deseo descubrir el significado de esos días, deseo descubrirlo acá en las circunstancias en que estoy ahora.

Me quedo pequeña ante lo que viví esos días, puedo describir las cosas que hicimos, lo que hablamos, pero hay siempre el reclamo de un "más", si intento sintetizar diría así: días en que más claramente estuvimos ante el Misterio que pasaba por las vidas de estas mujeres, por sus rostros, por sus palabras, por sus miradas, por su trabajo, por su oración, por lo que generaban en nosotros y aun así era más.. Virginidad y fecundidad ¡qué Misterio más real! Cuando las veía a ellas, y ahora que pienso en sus caras veo que era imposible no pensar en Dios cómo única fuente de una vida así, además de sentirme llena de agradecimiento y llena de un regalo por descubrir: "si esto no es ser divino ¿qué es?"