El primer día de clase...

A. D’avenia • Cosas que nadie sabe •  Publicado el 14-03-12

6400. 800. 4.
El profesor escribió así sin decir una palabra, depués de sentó y empezó a mirarlos fijo a cada uno de ellos, como si aquel silencio pudiera desvelar su verdadero rostro.
“Yo quería saber por qué escribió aquellos números en la pizarra...” preguntó timidamente Andrés.
El profesor se acercó a la pizarra y al lado de 6400 escribió: horas. Después al lado de 800: días. Finalmente, al lado de 4: años. “Éste es el tiempo que durará su historia de amor”. Todos se echaron a reír, o casi. “La que empieza hoy con esta clase es una historia de 4 años, hecha por aquellos números. Cada año escolar está hecho de docientos días y milseiscientos horas. ¿Logran imaginarlo? Seis mil cuatrocientos horas, ochocientos días, cuatro años. Es el tiempo que pasarán en el colegio, a menos que hayan unos imprevistos para aquellos que se apasionarán de manera excesiva a algunas materias y querrán repetirlas... Todo este tiempo tendrá que servirles para algo. De otra manera el único fin se reducirá a respetar un deber. Ya no tienen la edad para hacer las cosas sencillamente porque se los dicen sus padres. Hasta hoy ellos –sus padres- lo decidieron todo. Ahora, para ustedes ha llegado el momento de tomar sus propias decisiones. Para esto sirven los cuatro años de colegio. ‘Porque el perder tiempo a quien más sabe, más le cuesta’. Los miró para reconocer a alguien que hubiera notado la citación de Dante, pero el vacío se asomaba en sus caras. Siguió:  “Un tiempo mágico, en el cual podrán dedicarse a cosas que probablemente no volverán a hacer en sus vidas. Un tiempo para descubrir quiénes son y qué historia han venido a contar en esta Tierra. No soporto ver a chicos que terminan el colegio y no saben si ir a trabajar o elegir una carrera universitaria o cuál elegir. Significa que han echado a perder aquellas seimilcualtrocientos horas, aquellos ochocientos días. La única manera que tenemos para descubir nuestra historia es conocer aquella de los demás: reales e inventadas. Y nosotros haremos esto con la literatura. Sólo quien lee y escucha historias, encuentra la suya. Entonces lo que empieza ahora es un viaje con estas cocordinadas temporales y este mar que navegar. Le pondremos todo el empeño posible, como se hace sobre un barco, donde cada uno tiene su tarea. Es por esto que todas las veces pasaré lista, para saber si zarpan conmigo”. Permanceció en silencio mientras paseaba por la sala y miraba la cara de cada uno de sus chicos. “Seis mil cuatrocientos horas, ochocientos dias y cuatro años para encontrar su historia en la edad que sieve para esto. ¿Se la quieren jugar?”