Una mujer venció al dragón

Salvatore Cernuzio • Via zenit.org • Publicado el 05-07-12

Una joven salva la vida de su bebé pero muere por retrasar su tratamiento del cáncer.


El pasado sábado, en la iglesia de Santa Francisca Romana de Roma, se celebró el funeral por la joven Chiara Corbella, tras un calvario de cerca de dos años provocado por un tumor. Una ceremonia que no fue nada fúnebre, una gran fiesta en la que participaron cerca de mil personas que llenaron la iglesia cantando y aplaudiendo desde la entrada del féretro hasta su salida.

La de Chiara es una historia extraordinaria que se ha difundido por la red, tanto que el video en Youtube que reproducimos abajo ha sumado decenas de miles de visionados en apenas unos días.

Esta joven romana de solo 28 años, bella, luminosa, con la sonrisa siempre en los labios, murió por retrasar el tratamiento que habría podido salvarla, con tal de llevar a término el embarazo de Francesco, un niño deseado desde el primer momento de su matrimonio con Enrico.

Dos embarazos fallidos... y llegó Francesco
No era el primer embarazo de Chiara. Los dos anteriores acabaron con la muerte de los niños a las pocas horas de nacer. A ambos se les habían detectado graves malformaciones desde las primeras ecografías.

Sufrimientos, traumas, sentimiento de desánimo... pero Chiara y Enrico nunca se cerraron a la vida, con lo que tras algún tiempo llegó otro embarazo: Francesco. Esta vez las ecografías confirmaban la buen salud del niño. Sin embargo al quinto mes a Chiara los médicos le diagnosticaron una lesión de la lengua que tras una primera intervención se confirmó como la peor de las hipótesis: un carcinoma.

Desde entonces, una dura lucha. Chiara y su marido, sin embargo, no perdieron la fe y “aliándose” con Dios decidieron una vez más decir sí a la vida. Chiara defendió a Francesco sin pensárselo dos veces y corriendo un grave riesgo, retrasó su tratamiento para llevar adelante la maternidad. Sólo tras el parto la joven pudo someterse a una nueva intervención quirúrgica más radical y luego a los sucesivos ciclos de quimio y radioterapia.

La mujer venció al dragón
Francesco nació sano y guapo el 30 de mayo de 2011; pero Chiara, consumida hasta perder incluso la vista del ojo derecho, pasado un año no lo superó. El miércoles pasado, hacia mediodía, rodeada de parientes y amigos, acabó la batalla contra el “dragón” que la perseguía, como ella definía el tumor, en referencia a la lectura del Apocalipsis.

Como, sin embargo, se lee en la misma lectura -elegida no por casualidad para la ceremonia fúnebre- una mujer ha vencido al dragón. Chiara, en efecto, habrá perdido su combate terreno pero ha ganado la vida eterna y ha dado a todos un verdadero testimonio de santidad.

Una segunda Gianna Beretta Molla”, la definió el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, que quiso rendir homenaje con su presencia a Chiara, a la que había conocido hace unos meses junto a Enrico.

“La vida es como un bordado del que vemos el revés, la parte desordenada y llena de hilos –dijo el purpurado-, pero de vez en cuando la fe nos permite ver un borde de la parte derecha”. Es el caso de Chiara, según el cardenal: “Una gran lección de vida, una luz, fruto de un maravilloso designio divino que se nos escapa, pero que existe”.

“Yo no sé lo que Dios ha preparado para nosotros a través de este mujer –añadió-, pero es seguramente algo que no podemos perder; por ello recojamos esta herencia que nos recuerda dar el justo valor a cada pequeño o gran gesto cotidiano”.

Murió serena y feliz
“Esta mañana estamos viendo lo que hace dos mil años vivió el centurión, cuando viendo morir a Jesús dijo: Este era verdaderamente el hijo de Dios”, dijo en su homilía fray Vito, joven franciscano, conocido en Asís, que asistió espiritualmente a Chiara y a su familia en el último periodo. “La muerte de Chiara ha sido el cumplimiento de una plegaria”, añadió. La joven, contó el fraile, “tras el diagnóstico médico del 4 de abril que la declaraba enferma terminal, pidió un milagro: pero no la curación, sino la paz para vivir estos momentos de enfermedad y sufrimiento, tanto ella como las personas más cercanas”.

“Y nosotros –dijo fray Vito visiblemente emocionado- hemos visto morir a una mujer no sólo serena sino feliz”. Una mujer que vivió gastando su vida por amor a los otros, llegando a confiar a Enrico: “Quizá en el fondo no quiero la curación. Un marido feliz y un niño sereno sin su mamá son un testimonio más grande que una mujer que ha superado la enfermedad. Un testimonio que podría salvar a tantas personas...”.

A esta fe Chiara llegó poco a poco, precisó fray Vito, “siguiendo la regla asumida en Asís por los franciscanos que tanto amaba: pequeños pasos posibles”. Un modo, explicó, “para afrontar el miedo del pasado y del futuro frente a los grandes eventos, y que enseña a empezar por las cosas pequeñas. Nosotros no podemos transformar el agua en vino, pero sí empezar a llenar las tinajas. Chiara creía en esto y esto la ayudó a vivir una buena vida y por tanto una buena muerte, paso a paso”.

Todos los asistentes se llevaron de la iglesia una plantita –por voluntad de Chiara, que no quería flores en su funeral sino que cada uno recibiera un regalo- y en el corazón un “pedacito” de este testimonio, orando y pidiendo la gracia a esta joven mujer a la que quizá un día llamarán beata Chiara Corbella.

“VOY AL CIELO A CUIDAR A MARÍA Y A DAVIDE; TU, QUEDATE CON PAPA. YO REZARE POR USTEDES DESDE ALLA”

Habla Enrico Petrillo, el marido de Chiara Corbella, que murió después de rechazar el tratamiento contra el cáncer para que su hijo naciera.

Su historia está llegando a todo el mundo. Chiara Corbella, una chica romana de 28 años, murió el pasado 13 de junio. Murió después de haberse negado a seguir los tratamientos contra un tumor que le descubrieron durante el quinto mes de embarazo. Con su decisión logró que su hijo Francesco naciera sano. Sin embargo, no se trataba de su primer embarazo: María y Davide murieron después del parto porque nacieron con graves malformaciones.

Antes de morir, Chiara escribió una carta para su hijo Francesco: «Voy al cielo a cuidar a María y a Davide; tú, quédate con papá. Yo rezaré por vosotros desde allá».

Enrico Petrillo, el marido de Chiara, leyó esa carta durante el funeral de la chica. Una ceremonia en la que participaron miles de personas. Pocos días después, Enrico ofreció una entrevista a la Radio Vaticana.

En un vídeo publicado en YouTube, Chiara pronunció la siguiente frase: «El Señor pone la verdad dentro de cada uno de nosotros; no hay posibilidad de malinterpretarla». Durante la entrevista con Enrico, le preguntaron que cuál era la verdad que había descubierto.

Decisiones erróneas sobre el aborto
«Esa frase –respondió el joven– se refiere al hecho de que el mundo de hoy, en nuestra opinión, te propone decisiones erróneas frente al aborto, frente a un niño enfermo, frente a un anciano terminal, tal vez con la eutanasia... El Señor responde con nuestra historia, que se fue escribiendo sola: fuimos un poco espectadores de nosotros mismos durante estos años. ¡Responde tantas preguntas que son de una profundidad increíble! Sin embargo, el Señor responde siempre de forma muy clara: somos nosotros los que filosofamos sobre la vida, sobre quién la creó y, al final, nos confundimos solos queriendo convertirnos un poco en dueños de la vida y tratando de huir de la Cruz que el Señor nos dona. En realidad, esta Cruz (si la vives con Cristo) no es fea como parece. Si confías en Él, descubres que en este fuego, en esta Cruz no te quemas, y que en el dolor existe la paz y que en la muerte existe la alegría. Cuando veía a Chiara que estaba a punto de morir, estaba, obviamente, muy afectado. Después pude cobrar un poco de valor, y pocas horas antes (eran como las ocho de la mañana, y Chiara murió a mediodía) se lo pregunté. Le dije: “Chiara, mi vida, ¿de verdad es dulce esta Cruz, como dice el Señor?”. Ella me miró, me sonrió y, con un hilo de voz, me dijo: “Sí, Enrico, es muy dulce”. Por eso, toda la familia, todos nosotros no vimos morir a Chiara serena: la vimos morir feliz, que es muy diferente».

Lo hermoso que es que te ame Dios
Pero, ¿qué le dirás a tu hijo Francesco cuando te pregunte por su mamá? «Seguramente le contaré lo hermoso que es dejar que te ame Dios, porque si te sientes amado, puedes hacer todo. Esta, en mi opinión, es la esencia, la cosa más importante de la vida: dejarse amar para después amar y morir felices. Esto es lo que le contará. Y le contaré que su mamá Chiara hizo lo mismo. Ella se dejó amar y, en sierto sentido, me parece que está amando un poco a todo el mundo. La siento más viva que antes. Y luego, el hecho de haberla visto morir feliz para mí fue como una derrota de la muerte. Ahora sé que hay algo hermoso que nos espera allá».

¿Una santa como mujer?
¿Te da fastidio el “perfume de santidad” que se está creando alrededor de Chiara? «Sinceramente me tiene sin cuidado. En el sentido de que Chiara y yo habíamos tomado otras decisiones para la vida: nos hubiera gustado envejecer juntos [...] Yo sabía que mi esposa era especial: creo en la santidad, que una persona sea proclamada santa porque “santo” significa ser felices. Chiara, y en parte yo mismo, vivimos toda esta historia con una gran alegría en el corazón, y esto me dejaba intuir cosas más grandes. Sin embargo, ahora estoy más maravillado, porque me parecen mucho más grandes de lo que yo hubiera podido imaginar». Una maravilla que está viajando por todo el mundo.