El "Bosson de Higgs" y ese 96 por ciento que falta para saber todo sobre Dios

Ubaldo Casotto • Vía Il foglio • Publicado el 30-07-12

Estudiar sirve para descubrir cuanto somos ignorantes. Para esto nunca hay que detenerse. El descubrimiento, que no es un descubrimiento sino la confirmación experimental, del bosón de Higgs, hasta ayer inalcanzable, es una nueva confirmación de esto. Y no será la última. Los titulares de los periódicos justamente eufóricos, hablan de la "partícula de Dios". Higgs que teorizo su existencia, no soporta que la llamen así, prefiere llamarla "copo de nieve". El atributo teológico es responsabilidad del premio Nobel Leo Lederman que la llamo "partícula de Dios" con la esperanza de convencer a los responsables de la política estadounidense de no retirar la financiación para el acelerador del Fermilab en Chicago.

Ahora, el "copo de nieve" ha sido capturado – decir que fue visto seria decir mucho - porque (esto es cierto, se mueve un poco como Dios, pero no es una exclusiva suya, toda la realidad es un "signo") ha dejado huellas de si en dos experimentos que lo cazaban con diferentes tecnologías: su energía se expresa entre 125 y 126 GeV (miles de millones de electrón-voltios). El bosón que Higgs "vio" en 1964 (entonces sí se trato de visión) era la pieza que faltaba en el llamado Modelo Estándar, la teoría que explica la arquitectura básica de la naturaleza, él sería el proveedor de masa de todas las otras partículas de la materia subatómica.

Ahora, los científicos, por lo menos aquellos serios, no son nunca apodícticos y también en este caso hablan de valores que garantizan la "alta probabilidad" de la presencia del fatídico boson y, sobre todo, dicen que su descubrimiento no cierra ningún partido, al revés "abrió una nueva física". Y con humildad explican que no todo salió como se esperaba, que la ciencia, disculpen el juego de palabras, no es una ciencia exacta, que las características del bosón son diferentes de lo que la teoría había imaginado (han leído bien, los científicos, los físicos, al menos, usan la imaginación), pero "justo las nuevas anomalías en el bosón de Higgs - dijo Rolf Heuer, director general del CERN – podrían constituir el puente que nos une con la realidad que todavía ignoramos".

En la historia de la ciencia siempre hay un eslabón perdido. La realidad sobre la cual somos ignorantes - hay que decir para completar la información frente al éxito reclamado por Heuer ("Hemos alcanzado una etapa fundamental en nuestro conocimiento de la naturaleza") - es el 96 por ciento de materia y energía oscura que constituye el universo que vemos hoy en día y del cual no conocemos las características. La materia sobre las que tenemos conocimiento es el 4 por ciento.

Por lo tanto, es cierto, estudiar nos sirve para entender cuanto somos ignorantes y para entender que el conocimiento esencial para la vida no puede ser rastreado en ninguna partícula, porque tiene que ver con el todo. El hombre religioso no tiene nada que temer de cualquier descubrimiento científico, mira con asombro en el telescopio de Galileo como en la pantalla de la ecografía, y entra con gusto en el subsuelo del Gran Colisionador de Hadron Collider en Ginebra, como lo hicieron en enero, algunos cardenales italianos. El matemático Francesco Severi, explicó que cuanto más profundizaba en la investigación científica, cuanto mas se le hacia evidente que todo lo que descubría, a medida que avanzaba, estaba "en relación con un absoluto que se opone como una barrera elástica (...) a ser superada con los medios cognitivos”. Hay un mas al cual cada descubrimiento remite. La verificación experimental de la validez del Modelo Estándar de partículas elementales es también la confirmación de la presencia en el mundo de una simetría y tal vez incluso una súper simetría, entonces de un orden armónico que es la primera condición para hablar de la existencia de una inteligencia que crea y gobierna todo. "¿Quién no reconoce el misterio insondable no puede ser un científico" no es una máxima del cardenal Camillo Ruini, sino de Albert Einstein. Y es una verdad muy simple, se podría decir democrática, alcanzable, incluso para aquellos que no son científicos, que pero de un poco de "ciencia", de un conocimiento cierto, es decir de un sentido, necesitan absolutamente para vivir.

Yuri Gagarin, primer hombre en el espacio, dijo que no había visto a Dios allá arriba. Más humilde y más realista, el autor anónimo del Salmo 138 describió así la experiencia posible para el hombre de todos los tiempos: "Si subo al cielo, allá estas tu, / si voy al infierno allí estas. (...) ¡que profundos para mi tus pensamientos, que grande su número, ¡oh Dios! Si quisiera contarlos, son más que la arena". Hay más cosas en el cielo y en la tierra de lo que vea el acelerador del CERN.