Yo te espero...

Mariella • Publicado el 03-09-2012

Mariella es una Memores Domini, una consagrada laica. Una amiga suya, una mujer joven, le dice: “Mi marido va con otra. Lo sé por cierto porque me avisó el marido de la otra. Entonces es algo seguro. Hablé con mi marido y él no me negó y también me ha dicho que no logra dejarla. Por eso mi matrimonio se ha acabado”.

Y Mariela le pregunta: “Y por qué se ha acabado?”. La amiga: “Porque mi matrimonio es una relación con mi marido, mi marido tiene a otra, entonces se acabó”. Mariela: “No, tu matrimonio es una vocación y un sacramento, por eso es tu relación con Dios que te da a tu marido. Por eso su infidelidad vuelve mucho más dramática tu fidelidad, porque la hace mucho más necesaria. Porque tu matrimonio no es tu relación con él, es relación con Dios que te da a él. Por eso hay algo más por el cual no puedes depender de su límite y de su error”.

“Si te dijera que mañana me caso, ¿tú qué me dirías? Que no es esta mi vocación. Sin embargo, si yo te respondiera que las de mi comunidad son unas tontas, tú, qué me dirias?”. La joven mujer: “Eh, que tu sigues este camino como relación con Jesús, a través de las de tu comunidad”. Mariella: “Y tu no?”.

Sigue Mariella: «Yo me quedé impresionada, porque esta mujer volvió a casa y le dijo a su marido: “Escucha. Yo te espero, aunque sea toda la vida si Dios me da la fuerza. Te pido sólo dos cosas. Tú haz lo que quieres, yo te protejo con los hijos en todo. ¿No quieres volver por la noche a dormir? Yo les digo que estás fuera por trabajo. Pero yo de las 7 a las 7 y media tengo que ir a Misa porque yo para permanecerte fiel tengo que recordarme que es Dios quien me ha dado tu persona; y la segunda cosa es que yo una noche por semana tengo que ir a cenar a casa de Mariella. Entonces de las 7 a las siete y media y una noche por semana tu te quedas con los hijos. Por lo demás, haz como quieres”.

Durante un año siguieron así y yo me quedé impresionada por esta mujer porque esta mujer se ha vuelto humanamente una gigante, los hijos no se han dado cuenta de nada. Después de un año, el marido viene a verme y me dice: “tengo que haberme vuelto loco si encuentro la mujer más grande del mundo y me confundo por una mujerzuela [puttanella]”. Y éste también se ha vuelto un grande: él también entendió.

Y me impresionó el hecho de que llevando al hijo en mi auto, él tiene 13 años, me dice: “Un papá y una mamá como los tengo yo no los tiene nadie. Me impresiona cómo se quieren”. Me impresionó porque esta cosa se mantuvo de pie por ella».