La casa: una amistad que libera

Marco Aleo  • Publicado el 11-11-2016

«Creo que el hombre hoy tiene una necesidad total, trágica, pero también temblorosa, de que alguien no por mérito propio, sino por el designio de Dios, lo entienda y lo acoja antes de que se haga entender, antes de que él pida ser acogido. La desesperación hoy es enorme. El dolor enorme, la ceguera enorme, pero enorme como necesidad de la plenitud, necesidad de poder ver de verdad, de tener una inteligencia verdadera. Entonces, tiene que ser enorme esta comprensión, esta especie de regazo materno, de casa» (G. Testori)

Cuando Valeska me señaló esta frase, añadió: “Me ha conmovido hasta las lágrimas. La única cosa que puedo ofrecer es aquello que he recibido. Aquello que se me ha donado”.
Se trata de “invitar” a otros, es decir de llamarles dentro de la Vida de la que participamos. Como decía Daniela del día con el que concluimos la Colonia Urbana: “Esta fiesta ha sido algo de otro mundo”. En las semanas de Colonia hemos querido ofrecer a los niños la experiencia de la amistad que nos ha liberado. “Una belleza extraña”, se decía, que sobrepasa nuestras fuerzas y capacidades, se asomaba entre nosotros. Algo de otro mundo, aquí. Ofreciendo lo que hemos recibido, la “casa” que se nos ha donado, se ha vuelto más familiar esta “belleza extraña” -que se ha convertido en  sinónimo de Jesús-, hemos hecho experiencia de ella, hemos crecido. Como testimoniaban las caras de los 50 monitores “felizmente cansados” durante la cena final. 
Uno se vuelve protagonista de lo que se le ha regalado. Lo decía bien Camilo: “Estoy contento por haber construido algo así. Construir es algo lindo: estoy hecho para construir. Construir algo que en los niños puede dejar una huella, por lo bello que es. Construir un lugar bello, donde se manifiesta una belleza extraña, necesita una entrega. Pero si uno encuentra esta belleza no puede no tener el deseo de decirlo a todos”. 

«Siempre me han llamado la atención la soledad y la indiferencia. En mi pueblo tantas veces me detenía a mirar a los chicos y pensaba: “Mira como están solos: no hablan, no saben qué decirse. Están siempre juntos y están solos”. Uno no está solo si puede encontrar a personas que conocen el corazón del hombre, que tienen una esperanza grande para sí y para los demás» (Marco, El Imprevisto)

«Yo en comunidad [el Imprevisto] he entendido que existe un “para siempre”, una cosa que vale y que puede valer para siempre, que dura para siempre. Nosotros hemos crecido en lo provisional, en lo frágil, en las arenas movedizas» (Katia)

Construir la Iglesia es liberar al hombre. Todos deseamos la liberación. Pero se trata de encontrar el lugar donde se hace experiencia de ello, ya, ahora. El lugar donde está presente Aquel que es, ahora, la liberación, Aquel que está entre nosotros. La justicia, la verdad, la belleza, la plenitud... que deseas, ya está presente.
Tu eres “comunión y liberación” frente al niño de la Colonia, frente al compañero, al amigo...