Aquel que ha empezado la obra buena la llevará a su término

Publicamos un extracto del saludo hecho al señor Cardenal durante las Confirmaciones de la parroquia Pietro Bonilli, Puente Alto, del 28 de mayo 2016, y de una cartas de los jóvenes, que relatan el camino recorrido.

Confirmaciones 2016: extracto del saludo al Cardenal y de las cartas de unos jóvenes  • Publicado el 11-11-2016

«En estos últimos meses me ha acompañado una anécdota que puede ayudar a iluminar el camino hecho y el evento de hoy. Tiene como protagonista a Gaudí, el gran arquitecto que empezó la Sagrada Familia, la gran Catedral de Barcelona. Gaudí sabía que se trataba de una obra tan grande que él no habría podido terminarla. Entonces tomó una decisión inusual: eligió no poner todas las fundamentas de la obra, todos los pilares. Decidió terminar una parte. En una foto de cuando Gaudí murió, se ve una gran cantera llena de barro, materiales y herramientas de construcción, y una fachada perfecta, cumplida, hermosísima. Gaudí explicó las razones de su elección: “Hemos edificado una fachada completa del templo para que su belleza haga imposible abandonar la obra”.
En el camino de estos años, en la vida de estos jóvenes ha acontecido una Belleza que promete abrazar toda la vida, toda la cantera que es la vida, en todas sus dimensiones y ámbitos, incluso la fatiga. Esta Belleza, que es la presencia viva de Jesucristo, les “obliga”, por así decir, a amar la vida, porque la sostiene toda, sin miedo a ningún terremoto. Como dice una carta de las que me han donado, “no hay otro que coincide tan perfectamente con los deseos infinitos de mi corazón, que no deja nada afuera, y que es tan concreto como yo”. Y otro escribe: “¡Dios espera de mi sí para darme todo! Si con el “uno” que he entregado (mucho menos de uno), ya he recibido cien, ¿cuánto más recibiré cuando entregue diez?”.
Es revolucionaria la experiencia que llena de gozo a estos jóvenes, que afirman: “Ha emergido una Luz en mi vida que no esperaba ni en mis mejores sueños” . “Lo que he encontrado aquí, en la Iglesia, es siempre nuevo, es para siempre, es incondicional”. Otro añade “Yo quiero ser como un centinela en el mundo, quiero ser como la luna, que siempre brilla con la luz de Otro y apunta a Alguien más grande”.  
Nosotros los educadores, como sencillos albañiles asombrados por el hecho de que el Gran Arquitecto haya querido asociarnos a su obra, hemos sido los primeros que en estos años han sido edificados, porque no hay alegría más grande que ver actuar a Jesús. Mirando a estas “jóvenes catedrales”, tenemos una certeza: que cuando se lo permitimos, “Aquel que ha empezado la obra buena la llevará a su término”». 

«A pesar de todo lo que he recibido gratuitamente, es complejo transmitir siquiera un ápice de lo que ha sido vivir estos tres años. En palabras sencillas, ha sido como vivir una vida completa en un corto periodo de tiempo. Y completamente nueva, siempre nueva.
Partamos por el comienzo de todo. Desde pequeño, lo que más me aquejaba, lo que más me dolía era que mis preguntas no fueran comprendidas.
La verdad es que hasta aquél momento me consideraba casi ateo. O sea, por formalismo, ir a misa con mi familia era algo, de cierta forma, obligatorio. Pensaba que Dios era alguien impersonal, alguien cuya existencia no se podía asegurar del todo, y si hubiera existido, sería un ser realmente apático con lo que nos acongoja a los seres humanos. A pesar de esto (quién sabe por qué), fui al primer encuentro de confirmación. Y la monitora, María José, resultó ser una de las chicas que habían ido a mi casa. Sin embargo, lo que más me sorprendió no fue esto, sino de lo que hablamos aquella primera vez: discutimos sobre lo que significaba “felicidad” para cada uno. Esto me produjo un estremecimiento, ya que era algo sobre lo cual había meditado antes, pero, como el resto de las cosas en las que pensaba, me parecía que a nadie más le importaban. Y en este lugar, en el cual yo no había apostado nada más que mi presencia escéptica, había encontrado a alguien que se preguntaba lo mismo que yo, y al mismo tiempo, era feliz. Esta inquietud empezó a crecer durante la semana, y el sábado siguiente fui de nuevo. Esto pasó de fin de semana al siguiente durante todo el primer año; las dudas que compartíamos con estas poco conocidas personas, de la misma edad, despertaban en mí el deseo de querer contrastar mi experiencia, y no sentirme solo en la lucha diaria contra mis dudas. No obstante, lo que fue decisivo en mi permanencia fue encontrar siempre una mirada de alguien feliz, que tenía aquello de lo que yo carecía, y que, por supuesto, quería tener, quería ser feliz.
Esto es lo que más podría destacar del camino que hemos hecho durante estos años: la correspondencia tangible a nuestros deseos más profundos. Muchas veces, como entes racionales que somos, no nos basta con ideas abstractas de la felicidad, el amor, la justicia, etc., sino que queremos algo palpable, objetivo, algo tan real como un árbol, una piedra, un río, pero que tenga en su interior el significado profundo que corresponde a nuestras vidas, el Infinito adecuado para nuestro deseo inconmensurable. Según yo, ese es el drama que tenemos que enfrentar día a día como jóvenes: saber en qué invertir toda esta energía que nos da la vida, saber en qué apostar el tiempo y el sacrificio.
La relación con la inmensidad de la vida tiene que generarnos algo en nuestro yo, una herida que arde. Esto me pasó de forma intensa durante el segundo año. Comenzamos a conocer la vida de Jesús, quién ha sido el único que ha pretendido encarnar este Infinito abismal, este poder desigual en una pobre forma humana. Esto me incomodaba. No podía creer que la Respuesta a mi deseo se había hecho carne. Parecía simplemente ilógico. Además, el vivir de forma intensa la relación de amistad con María José fue algo difícil, no porque me incomodara su manera de mirar, sino porque me llamaba a ser más yo, porque, constantemente, me desafiaba a mirar la realidad llegando hasta el fondo de su esencia. Dolió mucho, e incluso me vi tentado a rehuir de lo que estaba viviendo, y volver a la soledad inexorable que me envolvía antes de conocerla. Creo que algo fundamental cuando se viven estos quiebres es volver a encontrar el amor que nos encendió en un principio, esa mirada que nos provocó en un principio, y fiarse de la promesa que la amistad con este Alguien tangible. Esa ruptura fue necesaria, porque sólo desde el frío que percibía en aquel momento, pude confiar en una propuesta de calor, por la simple lógica de “no tengo nada que perder, es decir: ya sé dónde me llevarán mis amistades vacías, mis relaciones falsas”; en ese escenario, confiar en lo Desconocido era (y es) lo más sensato.
Desde entonces, por ese pequeño sí a este Amigo desconocido, han venido una seguidilla de “sí”, cada vez más verdaderos y seguros de la Presencia inusual. Se ha revelado a mis ojos algo increíble, extraordinario: este Hombre nuevo no es alguien a quién no pueda conocer (porque vivió hace 2000 años), sino que sigue manifestándose en esta compañía, llamada Iglesia. Jesús sigue haciéndose presente hoy, tanto en la Comunión, como en la relación con estas mujeres y hombres, como una larga cadena cuyo principio es Cristo, cuya metodología no ha cambiado; sólo espera que le demos un ínfimo espacio, un sí pequeño y pobre, para comenzar a actuar. ¡Dios espera de mi sí para darme todo! ¡Cuán grande es mi libertad! Este reconocimiento del valor de la libertad humana es simplemente asombroso. Y más asombroso aún, cuando miro atrás, cuando comencé con un sí flojo y desconfiado… ¡Cómo ha florecido mi vida a partir de ese momento!
La llamada del Gran Amigo ha suscitado tantas maravillas que, como dije en un comienzo, sería muy difícil detallarlas completamente aquí. Sólo puedo concluir expresando mi agradecimiento por todo lo que he recibido. Es prácticamente insólito verme cada mañana feliz, en la pequeña batalla diaria contra la monotonía y el aburrimiento. Pero como me dijo un amigo, lo mejor aún está por venir. Si con el “uno” que he entregado (mucho menos de uno), ya he recibido cien ¿cuánto más recibiré cuando entregue diez? En este pequeño pedazo de tierra perdido en el mundo llamado Chile, y a pesar de todos los problemas que presenta su Iglesia, ha emergido una Luz en mi vida que no esperaba ni en mis mejores sueños. Puedo afirmar que la promesa inicial sigue en pie: ven y verás» (Francisco)

«Comenzaré por contarle como era mi vida antes de hacer este camino, antes de conocer a estos amigos, en especial antes de conocer a Dios; recuerdo muy bien que yo sentía que la vida no tenía ningún sentido, me afectaba demasiado el vacío que tenía en mi corazón, nada me llenaba y lo que me alegraba era efímero. Yo sentía una necesidad inmensa de algo verdadero y en especial duradero. Recuerdo que pedí miles de veces que pasara algo en mi vida que le diera sentido. En resumen no era feliz y yo lo sabía muy bien.
Cuando mi mamá me propuso inscribirme en confirmación acepté solamente porque quería salir del trámite ya que mi familia es católica, pero para mí no tenía mayor importancia. Comencé a asistir todos los sábados a las reuniones y a medida que escuchaba los temas yo lograba identificarme. En este lugar se me decía que la felicidad existe y yo aunque en un principio no me lo creía no pude hacer oídos sordos. Comencé a involucrarme a hacer un trabajo y al mismo tiempo mi corazón comenzaba a llenarse de una felicidad que no era mía sino que me la donaba Dios.
Uno de todos los regalos que se me han dado han sido las personas que he conocido, en especial mi padrino y monitor de confirmación que cuando lo conocí vi en sus ojos el reflejo del padre (en ese momento no lograba identificar bien qué era, luego lo comprendí) y esto para mí era una invitación a hacer esta mirada mía también.
Llegando al final de hermoso y difícil camino hago memoria de todo lo que he vivido y es muy bello para mí darme cuenta de cuánto he crecido y comprobar con mi propia experiencia de que esa felicidad sí existe, me reconozco amada y agradecida de Dios por todo lo que he encontrado.
Para finalizar puedo decir que Cristo ha vencido en mi vida y la razón por la cual quiero hacer la confirmación es justamente ésta: yo quiero que Cristo venza en mi vida todos los días de mi vida» (Karina)

«Qué difícil decir todo lo que me ha sucedido en estos 2 años. Conocí grandes
personas, una gran compañía, grandes corazones, y lo más importante, conocí lo que los hace tan grandes.
Fue difícil conocer a esta Persona, me costó varios campamentos con la parroquia. Pero, para lograr conocerlo primero debía salir de mi misma, mirar la realidad y levantar la mirada. Soy débil y no puedo hacer esto sola, mis monitores, amigos y los curas, fueron ­ y son ­ las personas que me ayudaron a levantar la mirada, me enseñaron a mirar el cielo con una ternura infinita. Hay muchos hechos que reflejan esto, pero hay uno en particular que me encanta; estábamos en Yerba Loca, un lugar donde las montañas y el cielo son muy bellos. Yo miraba todo, asombrada no me lograba explicar la existencia de algo tan maravillosamente lindo, pero luego, comencé a observar, a observar de verdad. Me di cuenta de que esas montañas fueron hechas por la misma Persona que me hizo a mi, y fueron hechas para cada uno de nosotros.
Luego de esto no podía volver a vivir con la mirada baja, quiero vivir con el mismo asombro de aquella vez y si es posible, ¡Con mucho más asombro y belleza! No me puedo conformar algo tan superficial como la montaña, quiero saber de qué está hecha, por qué está hecha, para qué está hecha, para quién está hecha, quién la ha hecho.
Lo más lindo de esta Belleza es que nos dona una compañía, una compañía necesaria para ser fiel al Asombro. Lo curioso de esto, es que las personas que conocí son iguales que yo, pero también igual de especiales, entre nosotros está ese Algo que hace que sea hermoso, verdadero y sincero. Una compañía que te ayuda a crecer, a tener corazón de niño y a amar. Sin embargo, ¡Qué difícil amar! Yo quiero amar como Cristo. Con libertad, misericordia, ternura y una paciencia infinita. Pero, ¿cómo puedo amar? Es difícil amar como lo hace Cristo, soy pecadora y frágil y aún así, nos ama.
Agradezco mucho estos años de confirmación, logré conocer la verdad de las cosas. Me logré reconocer hija del Padre, Me vi mucho más feliz estando con esta compañía, que es la Iglesia, pero sé que esta felicidad tan grande, bella y real no me la doy yo, me la da Él, todo lo que tengo y lo que soy no lo hago yo, lo hace el Padre. Mi vida es un Don otorgado por Él y no quiero dejar de sorprenderme por eso ¡No puedo permitirme olvidar esto! ÉL es la felicidad, las ganas de amar, la sed de verdad, de justicia y de perdón, que tanto deseamos en el corazón.
Escuché que la felicidad está hecha por partes iguales de alegría y dolor. Estoy aprendiendo a amar el dolor, que nos llevará a la felicidad. Para esto debo dejar que mi vida sea invadida por Jesús, quiero que Él logre vencer en mi cada mañana, y que yo permita que Él abrace esta fragilidad que nos hace tan grandes. Pero antes de todo esto, debo decir ≪Sí≫ a la propuesta que se me hace: Permanecer en Cristo» (Lisette)

«Cuando empecé confirmación no quería ir, solo fui para tener que hacer algo los sábados, pensaba asistir un tiempo y luego adiós. Pero el primer tema de confirmación fue la felicidad y pensé estos tipos están LOCOS, como yo que era tan insignificante iba a poder llegar a ser feliz, en ese momento mi vida era una real escoria, sentía que yo no valía nada que simplemente estaba en este mundo para sufrir, pero estaba súper errada porque en este momento dos años y medio más o menos después soy una persona totalmente distinta a lo que fui, soy una persona imperfecta pero feliz, tal vez en el pasado cometí muchos errores pero a pesar de eso aprendí a amarme a mí misma (ese es mi mayor signo de cuándo Cristo venció en mi) aprendí a mostrar una sonrisa pura, a ver las cosas de una forma tan bella que hasta a mí me sorprende, antes veía a las personas que conocí en este camino, a padre Marco, padre Lorenzo, padre Diego o a los mismos amigos que hice aquí y quería ser como ellos: irradiar felicidad, aprender a vivir como ellos y bueno en eso esto estoy haciendo un camino para aprender a vivir así.
Cuando comencé confi pensé que sólo iban a hablar de Jesús, la Iglesia o cosas así, pero llegar y que el tema sea la felicidad, dije “esto no es para mí”. Hace más o menos dos años y medio más o menos no me amaba, pensaba que era una basura entremedio de gente, pero descubrí que alguien más grande me amaba, entonces, ¿cómo no me iba a amar yo? Cristo apareció en mi vida cuando más lo necesitaba, cuando menos lo pensé estaba sonriendo con sinceridad, empezaba a ver las cosas diferentes, en mi casa, en el colegio, la relación con mis amigos. Después de dos años más o menos -en octubre del año pasado- tuve problemas en mi casa, en el colegio y conmigo misma, me alejé de la iglesias pasó un mes y no hacía nada para mejorar mi mediocridad, sabía qué era lo que me hacía falta y yo no hacía nada para mejorarlo, pero ya al pasar el segundo mes decidí ir a ver cómo estaban mis amigoscuando entré me sentía feliz de volverlos a ver, me sentía como en mi hogar, después de dos meses de estar encerrada en mi misma volví a sonreír con sinceridad y en ese momento entendí que Dios estaba decidiendo por mí, que fue Él quien me llevó donde me descubrí a mí misma, donde nació la Paulina feliz. A ese lugar donde habían puros “locos” era donde pertenecía. Esos dos meses de ser la Paulina mediocre, sin sentido de vida, esa mirada que ya no veía las cosas con grandeza, se había ido, había vuelto  esa Paulina “salida del sepulcro”, volver a confi era lo que necesitaba y estaba llamada a estar ahí por alguien más grande. Aquí aprendí a crecer como persona, esa felicidad y esa grandeza estaba destinada para mí, quiero ser tan grande y demostrarle a otras personas que siíes posible esto que yo he vivido (ahora estoy tratando de hacerlo por medio de catequesis), que la felicidad y la plenitud sí existe, no es algo obvio pero ni las cosas tan obvias lo son. Es posible ser feliz y descubrir quién eres. Me quiero confirmar más que nada porque siguiendo a Cristo me descubrí y quiero vivir toda mi vida así” (Paulina)

«Acabamos de ver una película espectacular, De dioses y de hombres, acerca de unos monjes que vivieron y fueron asesinados en Algeria en los años Noventa, y no puede no nacerme el deseo de vivir como ellos, de vivir la fe de una manera tan concreta y cierta. Cada momento que se me ha donado junto a la parroquia y en general en la vida, ha sido un regalo, un don. El gran desafío es descubrir cómo vivirlo y entregarlo, a Cristo y a la comunidad.
Cuando entré a confirmación llegue con preguntas, pero más que nada un deseo por apreciar la vida, por aprender a amar, a ser feliz, y encontrar el fin por el que estamos aquí. Se me han entregado compañeros, amigos, y autoridades espectaculares, que me acompañan y ayudan a vivir de la mejor forma.
Cuando pienso en la confirmación, es ver que Cristo es la respuesta de mi vida, de que él sí es el camino la verdad y la vida, y lo mejor es que es para siempre, ¡Para siempre!, un amor incondicional y eterno, ¡La respuesta hacia nuestros deseos más grandes!. Nuestro cura, Marco, un gran amigo, es para mí una verdadera autoridad, teniendo en cuenta que una autoridad es alguien que te ayuda a crecer, que me  ayuda a ser más yo, quien me guía, quien me acompaña. Algo así como sería Virgilio con Dante en la Divina Comedia. Él nos dice que en el mundo hay centinelas, que el mundo se sostiene por unos pocos, y que sin ellos el mundo perecería: yo quiero ser uno de ellos, quiero ser luz.
Lo fantástico de la relación con Cristo, es que no hay que ser el más inteligente, no hay que ser el más bacán, solo se nos pide estar, y decir que Sí, fiarse, fiarse de la propuesta que Dios nos da, de lo que se nos pide. Yo me he fiado, a lo largo de este camino con esta compañía me he fiado, y cada vez que lo he hecho he salido ganando, porque he salido más contento. Yo sé que no soy perfecto, que soy pecador, débil, que cometo muchos errores frecuentemente, y reconozco que sin Cristo no podría vivir ni estar tan contento, y también, que al conocer a Cristo, al ver tanta belleza, no sería capaz de vivir sin ella, al reconocer un deseo tan grande que uno tiene, después es imposible conformarse.
Este año se me pidió ser monitor de confirmación, e inmediatamente dije que sí, tengo muchas ganas de compartir lo que he visto, dar testimonio  de que Dios sí existe, y que nos acompaña siempre, de que este camino es CONCRETO, de que es cierto, yo lo he vivido y eso nadie me lo puede quitar o negar, y por eso quiero compartirlo, no te puedes guardar tanta belleza, es necesario entregarla así como lo hicieron conmigo.
Me quiero confirmar, porque quiero decir que Sí para toda la vida, ya tengo claro que trabajo para Cristo, y que quiero esta compañía y belleza para siempre» (Gonzalo)

«Ésta es la vida que recién comienza.
Cómo explicar con palabras la Belleza que ha invadido mi corazón y mi vida durante estos dos años, y que lo sigue haciendo día a día...
En este camino he descubierto muchas cosas, primero que todo, el saber que nunca estoy sola, que el Señor siempre me acompaña y que nunca me abandonará.
También, aprendí a descubrir las formas en que se manifiesta todos los días en mí, por medio del arte, al escuchar una pieza musical que me conmueve, al ver una pintura, al observar los rostros de mis amigos (fundamentales compañeros hacia el Destino), un hermoso paisaje o un bello amanecer o atardecer que me hacen pensar dos cosas: Si esto es bello, ¿qué tan bella seré yo, si fui hecha por el mismo artista? Y también: qué infinitamente amada soy, ya que Dios ha pensado en mí al hacer esta belleza, para hacerme volver hacia Él, mi Padre, y darme esta certeza tan grande.
Al principio no quería confirmarme, tenía miedo. Miedo de que esta belleza que vivía en los temas todas las semanas se iría; pero luego pensé que al recibir este sacramento me acercaría aún más a Cristo, y esto no me da miedo, sino que al contrario me hace infinitamente feliz.
Y ahora lo sé, me quiero confirmar por esto: por amor a mi Creador (mi artista), por la infinita felicidad y amor que me ha donado desde siempre incluso aunque yo no lo haya sabido, y porque quiero ser un centinela en el mundo, quiero ser como la luna, que siempre brilla con la luz de otro y que apunta a Algo más grande» (Teresa)