Tu haz rebajado tu grandeza

Extracto de la novela ¡Clik! De Luigi Ballerini  • Publicado el 11-11-2016

Cesar, un joven de 15 años, descubre tener epilepsia. Por lo general, cuando no logra enfrentar ciertas circunstancias que lo desafían, le vienen los ataques. Por vergüenza tiene escondido este descubrimiento y sólo un par de amigos saben de su enfermedad. Después de unos meses, Bro, el matón del colegio -que ha descubierto que Cesar tiene epilepsia- lo amenaza revelar la noticias en las redes sociales si el lunes siguiente Cesar no le trae un celular nuevo.
Cesar decide hablarlo con Pablo, un profesor, hermano mayor de su amigo Tommy.
En este extracto, tomado de la novela Clik! de L. Ballerini, se puede apreciar  a un verdadero padre en acción.
Cuando no se especifique otra cosa, es Cesar quien narra.     

Pablo tiene una profunda admiración hacia Tommy, se nota en cómo lo mira; en cuanto puede le demuestra su aprecio. Un hermano así, quizás (lo digo con mucha prudencia, conociendo todas la ventajas que tenemos nosotros, hijos únicos), me gustaría también a mí.

Pablo: -¿Me estás diciendo que has tenido escondido que sufres de epilepsia? ¿Durante todos estos meses...? ¿De verdad que no has hallado a nadie que mereciera saberlo?

Trago y digo que sí con la cabeza. Es decir sí que no lo he dicho, y no que no lo he hallado.

Pablo: -Tendrías que preguntarte porque lo has hecho.

Aquí aflora de nuevo mi carácter. De golpe ya no me cae bien, jamás de los jamases lo quisiera como hermano y maldigo el momento en que hemos aceptado hacerlo venir acá. Sin embargo, intento no mostrarlo, aprieto los puños que tengo escondidos detrás de la espalda y respondo con un seco: “No hacía falta decirlo”.

Pablo: -Si lo has hecho por discreción lo entiendo y efectivamente no hacía falta, como dijiste tú. Sin embargo ¿no es que te avergonzabas? Porque, si es así, la cuestión es muy distinta, y tenemos que hablarla.

Yo no quiero hablarla para nada! Te he buscado para hablar de Bro que es un bastardo y de cómo puedo hacérsela pagar, no para hablar de mí. Estoy callado y lo miro fijo a los ojos, con aire de desafío.
Retoma a hablar él, que a lo mejor lee el pensamiento y entendió qué tengo en la cabeza.

Pablo: -No es fácil, lo sé. Disculpa si fui demasiado directo, pero no soporto que un chico como tu, con los dones que tienes, se reduzca así. Porque es aquí donde hubo el error: te has reducido.

No entiendo lo que está diciendo. Yo no me he equivocado para nada. Si no comienza a hablar de manera comprensible, verá cómo lo reduzco yo.

Pablo: -Intenta escucharme. Tu no eres la epilepsia, tu tienes la epilepsia. No olvides nunca que no eres tu enfermedad, así como un chico que es más bajo que el promedio no es su baja estatura, o uno más gordito no es sus kilos de más. Esto para mi es reducirse: tu has rebajado tu grandeza, te has reducido a un particular, a un detalle. Grande o pequeño que sea, queda siendo un detalle de ti, y en cambio tu le has permitido decir la última palabra sobre tu persona.

Palabras extrañas, que hacen doler la cabeza. Es la primera vez que oigo hablar de mi supuesta grandeza y me quedo descolocado: incluso con mi papá y mi mamá, que igual me quieren, es un esfuerzo constante para ser cómo ellos me quisieran. Sobre todo con papá, nunca me siento a la altura, sinceramente no creo ser el hijo que él hubiera querido. Papá es grande, yo soy pequeño.
Mientras tanto, Pablo sigue hablando...

Pablo: -... ese Bro es un bastardo, estoy de acuerdo contigo, sin embargo se ha aprovechado de una debilidad tuya. Eres tu quien se ha vuelto vulnerable a sus ojos. Él ha olido tu miedo como lo habría hecho un predator en la selva y se te echó encima, escondiéndose detrás de un matorral. Antes que todo Bro es un matón, lo que es sinónimo de débil.

Débil no, yo soy débil, por cierto no lo es Bro.

Pablo: -Piensa en cuán es débil uno que para emerger tiene a las personas atadas con el miedo, uno que necesita de un grupito que lo sostenga porque solo no logra estar de pie. Es la víctima que le da fuerza al matón, aquella fuerza que le falta, porque en el fondo él es el más débil de todos. Además, él lo sabe muy bien y está aterrorizado de que antes o después alguien lo desenmascarará. Una vez desenmascarado, el matón se derrite como un helado dejado al sol.

Es la víctima que le da fuerza al matón. Nunca lo había pensado.

Pablo: -Nadie quiere al matón, al máximo algún pobrecito como él puede admirarlo, incluso puede envidiarlo, pero nunca amarlo. Qué vida fea, siempre estresada, siempre en búsqueda de un momento de afirmación, nunca un instante de sinceridad, sólo un constante fingir. Fea vida para él y lamentablemente para todos aquellos que acosa.

Yo me he detenido sobre dos palabras escuchadas hace un momento, me he pegado a ellas como un imán y no logro dejarlas: débil y vulnerable. Débil él, vulnerable yo. ¿Y si también él fuera vulnerable? Otra idea nueva que se abre camino.
-¿Qué quiere decir que Cesar se ha vuelto vulnerable?- le pregunta Tommy. Evidentemente a él también le llamó la atención.
Para responder, Pablo se da la vuelta y me habla directamente:

Pablo: -Quería decir que si la cuestión de la epilepsia no hubiera sido, o mejor, si no fuera tan problemática para ti, él no habría tenido puntos que atacar. Es como si te hubiera dicho: “ehi, uewoncito, si no me traes un celular nuevo el lunes diré a todos que te sale moco de la nariz y tienes ganas de estornudar! ¡Ciertas noticias circulan rápido en la red!”. En este caso yo lo habría desafiado sin miedo: “Ok, entonces díselo a todos, estropéame la reputación!”.

Ha acontecido algo, ha habido un cambio de perspectiva: antes pensaba que tenía un problema: Bro. Ahora me encuentro con dos problemas, Bro y yo mismo. Creo haber entendido lo que Pablo quiso decirme: he permitido que un aspecto particular de mí se agrandara y me definiera, una especie de etiqueta que me he colgado en el cuello yo mismo, antes de que lo hicieran los demás.
-¿Qué nos aconsejas hacer ahora?- le pregunta Tommy.
Pablo nos mira, sus ojos se alargan.

Pablo: -No lo sé. Son tres grandes amigos, estoy convencido de que les saldrán buenas ideas. La única cosa que siento decirles es: ¡Arréglensela!

Miro a Tommy. Ésta no la he entendido para nada, no me lo esperaba de él.
-Todas las veces que mi hermano me dice “arréglatela”, lo tomo como un signo de estima. Al comienzo me quedaba mal, pensaba que fuera una especie de abandono, en cambio después he entendido que quiere decir: “lo puedes lograr solo, míralo tu, creo en ti”.