El "sí" que nos convierte en protagonistas

Javier Restan  • Publicado el 11-11-2016

Testimonio en al ámbito de Encuentro Santiago 2016 "Testigos de belleza", Puente Alto 6 de noviembre 2016

¿Qué experiencia de positividad y belleza te ha impulsado a ser protagonista en el ámbito que vives?

En primer lugar, me llama la atención la idea de “ser protagonistas”. ¿Qué significa protagonismo? Me parece que es importante aclararlo porque instintivamente pensamos que el protagonismo consiste en estar implicado en algún tipo de acción relevante... Sin embargo, como voy a explicar, un protagonista, es un hombre en movimiento y capaz de crear, de construir, de levantarse, y eso es algo que nace sencillamente de un tener los ojos bien abiertos para reconocer la realidad.
En mi experiencia, mi mayor o menor protagonismo, depende de una posición de mi persona y no de la tarea que haga. El protagonismo depende de decir “sí” a la realidad. Es el fruto de una cierta apertura a la realidad. Este estar dispuesto a decir “sí” es lo que te hace protagonista.
Yo he ido aprendiendo esta posición a lo largo de mi vida, porque las cosas que he hecho en mi vida o que he tenido, me han sido dadas siempre: desde mi mujer y mis hijos, hasta lo que se refiere a mis tareas profesionales. No son cosas que haya decidido previamente, sino que han aparecido en mi vida y frente a ellas he dicho SÍ. Pongo dos ejemplos de ello: 

  • En primer lugar sobre mi vida profesional: yo estaba estudiando con la idea de ser profesor universitario, incluso tenía una beca y me había ido a Italia para estudiar con un profesor, pero en plena tarea de investigación un amigo me invitó a participar en una ONG que se estaba creando en esos momentos, el CESAL, algo en lo que inicialmente no estaba interesado... y al poco, me ofrecieron dirigirla, que era ser director de “la nada” porque aquella ONG no tenía ni presupuesto, ni equipos, ni personal... pero dije “sí”, confiado en las personas que me hacían la propuesta, y mi vida dio un giro total. 
  • Cuando llevaba 10 años trabajando en CESAL, estaba de viaje con mi mujer y me llamaron por teléfono: “que el ministro quiere hablar con usted”, ¡¿qué?! Creía que se trataba de una broma de algún amigo... Pero lo cierto es que me propusieron entrar a cubrir una importante responsabilidad en el gobierno. Alguien a quien no había hablado más que una vez en mi vida. Pues bien, en pocos días estaba jurando el cargo, y entraba en política, algo realmente no previsto ni perseguido por mí en absoluto, metiéndome en una dinámica para la que no estaba preparado. He estado ahí durante 18 años.
  • Y así podría seguir...

En este sentido, mi primera respuesta a esta cuestión sobre el protagonismo sería decir que el protagonismo depende de ir por la vida con los ojos bien abiertos, sin prejuicios, y de decir “sí” a la realidad. Es decir, de mirarla abiertamente.
Incluso aquello que al final debamos rechazar, hay que mirarlo abiertamente, ponerse frente a ello, juzgarlo. Esto es lo que nos convierte en protagonistas.
Entonces pasa algo sorprendente y es que se puede ser protagonista incluso en el fracaso, o en el dolor. Posiblemente sea donde más protagonismo se necesita. Recuerdo una buena amiga que perdió su primer hijo poco antes del parto y cuando fui a verla, con una sonrisa me dijo: “estoy llena de dolor, pero no estoy derrotada, y me he dado cuenta de que si esto no me ha tumbado, es que somos invencibles”. Esto es protagonismo.
Es el ejemplo de Chiara Corbella, que acabo de conocer en la exposición propuesta en este Encuentro Santiago. Todos quedamos conmovidos porque es una mujer que dice sí siempre, a las circunstancias que me parece que son las más duras por las que puede pasar un hombre o una mujer. Me pregunto si es posible un protagonismo mayor que el de esta mujer que muere con 28 años y pasó sufrimientos tan grandes como los suyos: la muerte de dos hijos recién nacidos y finalmente un cáncer que en poco tiempo la llevó a la muerte... Y sin embargo todos vemos esta exposición conmovidos por la humanidad de esta mujer, por su protagonismo, es decir, por su capacidad de decir sí a las circunstancias que tuvo delante.
La penúltima cosa que puede ejemplificar esto me ha sucedido este verano: un amigo mío había conocido una experiencia de unas cárceles en Brasil, las llamadas APAC, y me llama desde un aeropuerto y me dice que me encargue de hacer una exposición sobre esto para presentarla en apenas 3 o 4 meses en el Meeting de Rímini, un encuentro de enormes dimensiones que se realiza en Italia... Yo la verdad es que tenía muchas cosas y pedí un poco de tiempo para pensarlo, pero no había tiempo, había que responder ya, al día siguiente. Y dije sí.
La experiencia ha sido increíble. Hacía mucho tiempo no vivía algo igual. Vine absolutamente conmocionado, después de visitar 6 cárceles de APAC en Belo Horizonte, de hablar con jueces, y sobre todo de conocer a los protagonistas de esta experiencia: una experiencia de gestión de cárceles donde la persona es tenida en cuenta, donde no se pierde jamás la esperanza de que incluso para gente que ha matado, que ha hecho los peores males, es posible el cambio. Y ese cambio se produce, y en cualquier caso, se produce el cambio de los que trabajan allí... Hice la exposición que, en cualquier caso, iba a ser una exposición secundaria dentro del Meeting, pero la gente empezó a venir atraída por el tema, se fue difundiendo boca a boca y se convirtió en una de las exposiciones más visitadas. Fue un bombazo que superó todas nuestras expectativas, y finalmente se celebró un encuentro con Daniel y Valdeci, dos responsables de esta experiencia de APAC, con asistencia de 5.000 personas. Se tuvieron que habilitar salas, lo pusieron en las pantallas exteriores y es como si los miles de asistentes de aquel evento hubieran hecho silencio ante esta experiencia imponente de misericordia y de esperanza...
Cuando volvía después de la clausura de la exposición, yo decía: he estado a punto de decir que no... si lo hubiera hecho habría perdido una de las ocasiones más grandes que he tenido en mi vida.
Pero, ¿de dónde nace este “sí”?
A veces se puede pensar que es una cuestión de temperamento. Pero no. Este decir sí nace de una confianza en la realidad, que se ha ido poco a poco fortaleciendo en mí. Y se ha ido fortaleciendo por la cantidad de bien que veo, la excepcionalidad que veo todos los días: me basta con estar con los ojos abiertos. El único problema es precisamente que no muchas veces voy con los ojos abiertos, y hasta las cosas más impresionantes las puedo vivir banalmente.
Pero cada día puedo encontrar este bien.
Llevo 48 horas en Chile y ya puedo contar muchas cosas como éstas. Por ejemplo, ahora mismo con el matrimonio que me hospeda: el otro día por la noche me contaban su experiencia de abrazo y de amor por uno de sus hijos más problemáticos... Todos los días soy inundado por este bien, por ejemplos de esta belleza que estoy viendo y escuchando en este mismo encuentro [habían otros testimonios]. Es lo mismo que me ha pasado con esta exposición de Chiara Corbella, que yo no conocía... ¿se puede pasar por delante sin darse cuenta de la fuerza excepcional que hay en esa historia?

¿Qué ha sostenido el camino que haces en el tiempo, especialmente delante de las circunstancias difíciles en que ese impulso pudo haberse apagado?

El repetirse de la belleza y el bien en mi vida. Normalmente la circunstancia difícil soy yo mismo. Yo muchas veces me enfado, peco, me equivoco. Me canso. Veo cosas que me duelen en el mundo... Pero nada es capaz de vencer la fuerza de este bien que veo continuamente, y que es más grande que todo, que hace presente una realidad que es de este mundo, pero no viene de este mundo.
Pero, sin duda, esto es posible porque estoy dentro de unas relaciones, en una compañía de personas que me devuelven este reflejo de bien todos los días.
Muchas veces no nos ponemos en pie, no somos protagonistas, porque nos detenemos en nuestros errores, en nuestro pecado. “No, yo no puedo”, eso me queda lejos...
Pero se puede comenzar siempre. El pecado es parte de nuestro camino, no le sorprende a Dios. El Señor cuenta con él y está listo para perdonar.
Independientemente de nuestra situación personal. Independientemente de nuestros errores y pecados. Porque está la misericordia.
No importa cuál sea nuestra situación personal. Se puede comenzar siempre. A mí me encanta lo que decía Don Giussani sobre la confesión: que es el “sacramento que documenta que el pecado no puede bloquear la vida del cristiano”.

Y, a partir de estos hechos, ¿cuál es el alcance que percibes, cuál es la tarea más amplia que nace de la historia que vives?

Sinceramente la tarea más importante que veo es la tarea educativa. Que no consiste sólo ni fundamentalmente en hacer escuelas, o mejorar el sistema educativo, sino en un acompañamiento de los jóvenes (y de los adultos) para despertar su razón y su libertad, una tarea que se lleva a cabo en la escuela, en la familia, en el barrio...
Pero en este momento histórico, además, veo como un gran desafío el tratar de construir un diálogo verdadero. Algo a lo que nos está llamando el Papa Francisco continuamente.
En mi trabajo actual, yo trabajo ahora en una Fundación de tipo cultural, esta cuestión del diálogo es LA cuestión fundamental. Todos los días me sorprendo de la dificultad para el diálogo que existe en lo inmediato, en las cosas que tenemos que hacer. Es un ambiente en el que todos están contra todos, la división es impresionante. Me choco todos los días con mucha división, con muchas personas que por motivos varios han trazado una línea roja dentro de la cual se han hecho fuertes. No quieren dejar entrar otras posibilidades..., tienen ya catalogados a los otros...
Y esta actitud me afecta mucho, me desanima. Pero lo peor es que esa actitud me puede contagiar, y me puede meter en una actitud también de tomar partido por uno o por otro, en una posición “dialéctica”, siempre alerta frente al error del otro... Y esto impide ver con claridad, impide ver la verdad que hay en el otro, la belleza que hay en el otro.
Viviendo en esta situación, me estoy dando cuenta de algunas de las cosas importantes: 

  • La más importante es que dialogar exige en mí una apertura previa: es decir, paradójicamente para que haya diálogo no es lo primero querer decir algo, sino querer escuchar. Una apertura previa. Necesito mirar al otro antes que nada. Mirar: mirar a los ojos. En este sentido, me doy cuenta de que el diálogo comienza, no tanto por tener muchas cosas que comunicar, sino por una capacidad de acogida, por un deseo de abrazar al otro, de encontrarse con él. Y esto exige un sacrificio, una paciencia, una humildad, que a veces se convierte hasta en un ir detrás del otro.

En definitiva, no hay diálogo si no hay un deseo de amistad. Para construir un diálogo, y por tanto una sociedad o una familia, o una comunidad, se necesita estar dispuesto al sacrificio de la amistad.
En mi caso, este “ir detrás del otro”, es algo físico: he empezado a ir a las cosas que organizan otros, he empezado a acercarme a su realidad, a veces haciéndome el encontradizo, para entenderles, para valorarles, para entrar en diálogo desde su realidad, y así se va abriendo poco a poco, una grieta en el muro. 
En el tiempo en que tuve una responsabilidad política, ¿cómo se concretó este intento?
No es fácil, lo aseguro. Porque la política es el ámbito de la dialéctica y la confrontación, el lugar de la mentalidad amigo-enemigo, el lugar de las puñaladas... podría contar muchas anécdotas de cómo he intentado vivir esta actitud con las personas de mi grupo y de los otros partidos.
Pero me limito a contar lo que hacía como responsable de la educación, de todos los centros escolares (públicos, privados y concertados) en mi Región. Igual que ahora en Chile, también en España está el debate de la escuela privada y la escuela pública. ¿Cómo lo intentaba hacer? Partiendo de lo que había. Mi actitud era en primer lugar la de decir sí a las cosas que existen, sí a las experiencias que ya están trabajando, sí a la iniciativa de las personas y grupos que quieren contribuir a la educación nacional. En cierta manera esto es también un “ir detrás de la realidad”, detrás de la iniciativa de la gente, contar con ellos, y no pretender que desde el poder y la administración política, debíamos hacer todo, comenzar todo.
Concretamente, para poder escuchar al otro, e incluso seguir al otro en mi tarea política, me dediqué durante todo el tiempo que estuve a visitar escuelas, colegios, personas, experiencias. Para saber quiénes eran, cómo estaban haciendo su tarea, cuáles eran sus problemas.
Era mi manera inmediata de valorarlos, de respetar lo que estaban haciendo. Muchas veces veía cosas que no me gustaban y se lo decía, discutíamos, ¿por qué lo hacen así? ¿realmente eso ayuda a los chicos? ¿habéis pensado en hacerlo de otra forma? Claro, los directores alucinaban, porque una visita de la autoridad educativa normalmente era una visita fiscalizadora...
Pero sobre todo, y esto es lo fundamental en una persona que tiene responsabilidad política, yo luego trataba de apoyarles económica y administrativamente, tanto a los que me gustaban como a los que no me gustaban para nada. Traté de modo igual a todo lo que estaba vivo. Seguramente los más agradecidos son algunos que eran más lejanos a mis posiciones, que veían que no sólo no se les hostigaba sino que se les trataba con respeto y se les ayudaba.
Esto es el modo en que se puede también dialogar desde el poder político, desde una responsabilidad pública.
Pero esta dinámica es la misma frente a mis hijos, frente a mis colegas de trabajo, frente a mis amigos de toda la vida: es un abrazo, una posición de apertura. De esta forma se abre ante nosotros una magnífica oportunidad de diálogo, de encuentro, de búsqueda de la verdad, que en nuestros días constituye un verdadero desafío histórico.
Gracias.