Barioná el hijo del trueno

Invitación a la lectura de la obra teatral  • Publicado el 11-11-2016

El personaje de la obra que más me conmueve es Sara, la esposa de Barioná. La noticia de estar embarazada la llena de alegría, mientras que el marido considera una “enorme incongruencia traer nuevos seres a este mundo fallido”. La noble impotencia de Sara no logra hacer frente a las objeciones de Barioná: ¿Vale la pena dar a luz a un hijo, si junto a la vida no podemos comunicarle la experiencia de un Sentido bueno, capaz de atravesar incluso el dolor y la muerte? Para Barioná “los naipes están marcados de antemano” y por eso no basta nacer para vivir. Falta Vida a la vida de su hijo: aunque Sara se entregue a él por completo, el mundo seguirá siendo nada más que “una mota de polvo” y ella no logrará detener su “caída interminable”. 
Es por eso que cuando los pastores traen la noticia de que una Mujer ha dado a luz al Hijo de Dios, Sara salta de alegría y necesita ir a verificar, presintiendo que, si lo que anuncian es verdadero, cambia todo, para el hijo, para ella, para el mundo: “Allí hay una mujer feliz y plena, una madre que ha dado a luz por todas las madres y lo que ella me ha dado es como un permiso: el permiso de traer a mi hijo al mundo. Quiero ver a esa madre feliz y sagrada, quiero verla. Ella ha salvado a mi hijo. Nacerá, ahora lo sé. ¿Dónde?, poco importa. Al borde de un camino o en un establo, como el suyo. Y sé también que Dios está conmigo”.
Sara es la fuerza de la debilidad y de la pasión por la vida, que la hace poner en camino para ir a ver. Muchas sorpresas reservará el viaje de Sara y de los demás protagonistas para quienes no se limiten a ser espectadores (Marco Aleo)