Te abraza conmigo una eternidad

De Paula Giovannetti  • Publicado el 11-10-2017

“Para mí la música es melodía, armonía y ritmo”, dice Charly García. Yo añadiría que es también poesía. Porque la poesía, como la música, está siempre al borde de lo inefable: aquello que nuestras pobres palabras no alcanzan a describir. Cuando encontramos palabras que hablan de nosotros sin conocernos, la poesía produce en nosotros lo que una gran melodía causa en el corazón. Es un abrazo nuevo, como el que describe esta canción de Paz Martínez.
Todos los días somos abrazados. La realidad nos abraza, nos estrecha y nos rodea. Necesitamos ese abrazo para percibir que nuestra vida es querida por Otra Vida. Cantar es también una forma de abrazar; de estrechar un lazo entre una persona y otra, entrar en su vida, de alguna manera. “Cuando yo te abrazo, no te abrazo sola; te abraza conmigo una eternidad”. El contenido del abrazo, cuando es vacío, nos aparta del mundo. Dos que se abrazan para evadirse de todos, terminan solos e impenetrables. ¡Qué distinto es este abrazo que porta la eternidad! “No te abrazo sola…” porque “este amor viene acompañado como río rumbo al mar”. Porque un abrazo verdadero nos lleva en rumbo hacia un horizonte más grande que el mismo abrazo. Te abrazo con mi historia: el valle, la montaña, el pan.
Hay un abrazo que quiere sacarnos de la realidad. Y parece tentador, nos atrae la posibilidad de salir del mundo y sumergirnos en un rincón que nos aparte de la oscuridad del mundo. Luis Alberto Heiremans, en su novela “Puerta de Salida”, describe genialmente esta sensación: «Me yergo, la tomo entre mis brazos, la aprieto fuerte. Sé que en ese momento nos rodea la obscuridad de la pieza y, más allá, la obscuridad de la noche, y más allá, la del universo, todas concéntricas, todas iguales, entorno a nosotros dos, tan solos».
Pero este abrazo, aunque es fuerte, no basta; termina en soledad, porque falta en él, justamente lo que la canción describe: este deseo de “ser como la tierra para dar fruto”.  Todos los días somos abrazados, y hace falta honestidad con nosotros mismos y nuestro deseo para reconocer cuál abrazo nos vuelve fecundos, y cuál nos cierra en medio de la oscuridad. Porque estamos hechos para descubrir el Gran Abrazo que nos llama desde la eternidad.


Agua, Tierra, Fuego y Viento
Paz Martínez

Llevo muy adentro cada gota de mi vida
un amor profundo, luminoso, singular.
Te amo con el alma, te amo sin medida,
te amo solamente como nadie supo amar.

Pero no estoy sola, este amor que nos protege
viene acompañado como río rumbo al mar,
trae enamorado agua, sol y peces 
y refleja un cielo donde vamos a volar.

Cuando yo te abrazo no te abrazo sola,
te abraza conmigo una eternidad,
te abrazan los valles, las montañas y los vientos,
las flores del campo y el olor del pan.

Cuando yo te beso, no te beso sola,
azúcar te traigo del cañaveral.
Soy como la tierra para darte fruto,
soy de piel morena para amarte más.

Vengo desde siglos, traigo voces y señales
que salen del fondo de la tierra por mi voz.
Cuando digo te amo, te aman los frutales,
la luna que enciende en mis ojos el carbón.

Por eso te cuido, te extraño, te nombra mi canción,
por eso te apaño con mis manos de algodón.
Que nada ni nadie pueda hacerte daño,
te pongo de escudo el parche de mi corazón.