Los jardineros y el perfume de las rosas

Confirmaciones 2017 •  Publicado el 11-10-2017

Publicamos un extracto del saludo hecho al señor Cardenal durante las Confirmaciones de la parroquia Pietro Bonilli, Puente Alto, del 10 de junio 2017, y de una cartas de los jóvenes, que relatan el camino recorrido.

Estamos muy agradecidos por su presencia entre nosotros y por compartir junto a Usted la alegría de estos amigos por el Dongrande que van a recibir.
Nos sentimos como unos jardineros que presentan sus rosas más queridas. Durante estos años hemos pedido custodiar y querer bien a las semillas de rosa que el Señor del jardín nos ha confiado.
Nos hemos quedado sorprendidos porque el Señor del jardín, además de estas semillas, nos ha confiado Su misma presencia, como diciéndonos: sean yo para ellas. Esta sorpresa se ha renovado a lo largo del camino y ha prevalecido sobre la tentación que también nosotros hemos sentido: la de quejarse por el hecho de que las semillas de rosa son pequeñas o son pocas. Nuestra misma fragilidad nos ha empujado a mirar a la paciencia que el Señor del jardín ha tenido primero con nosotros y a mendigar el sol que se encarga de fecundar nuestras vidas y las de nuestras queridas semillas de rosa. Así, custodiando y cultivando el jardín nosotros primeros hemos florecido más y con el tiempo también las semillas han ido creciendo, abriéndose al sol.
Ellas no han tenido que “ganarse” el ser amadas, sino que la certeza de ser amadas las ha hecho desear crecer, llenarse de colores, perfumar. Junto a nosotros han aceptado la paciencia de un camino y de las estaciones. En los momentos en que de la tierra no afloraba nada y hubiéramos podido  desanimarnos, nos hemos recordado mutuamente que la semilla necesita tiempo -como nosotros lo hemos necesitado- para abrirse al sol, a la tierra y al agua y dejar que se rompa su cáscara. Crecer -hemos aprendido entonces- no es tener éxito, sino ir en profundidad, arraigarse bien en el origen, para poder ser verdaderamente originales.
La semillas buscan la profundidad porque buscan la luz y ellas han descubierto su profunda dignidad y nobleza precisamente en esta tensión hacia la luz. Ha sido la necesidad del sol que las ha hecho florecer, ha sido la necesidad de calor, que las ha abierto de par en par. Precisamente descubriendo y expresando toda su necesidad de luz, estas rosas han empezado a revelar toda su belleza, todo su color, su forma y su armonía.
Hemos visto que basta que una sola rosa acepte recibir el sol y algo nuevo acontece, incluso en medio del desierto.
Sin la luz del sol, no existiría la belleza de la rosa, no habrían colores ni formas. Sin embargo, también la luz del sol, si no se detuviera sobre la apertura de la flor, no manifestaría su potencia y belleza, el bien que hace, la bondad que es.
Éste ha sido el espectáculo al que hemos asistido: ver florecer a estas rosas y a la vez ver aquello de lo que es capaz la luz del sol cuando alguien lo deja entrar en su vida.   
Ellas no son todas iguales, cada una es única en el mundo, tiene un nombre. Ahora su originalidad puede enriquecer al mundo: estas semillas que se han dejado regar y cuidar, han echado raíces y ahora se experimentan como don de colores y perfumes para el mundo: son un don que quiere volverse don para otros.  Y lo serán, sobre todo si cuidarán y dejarán cuidar las raíces.
Sabemos que somos responsables para siempre de las rosas que hemos cuidado. Hoy ponemos todo este camino en las manos del Señor del jardín: reconocemos que así todo es y permanece fecundo. Tenemos la certeza de que, si se lo permitimos, Él llevará al pleno florecimiento la obra que ha empezado.

«A través de estos años que han transcurridos he hecho un camino en donde he podido reconocer, gracias a la compañía de los amigos encontrados en la Parroquia y a las instancias de belleza que han ocurrido aquí (que no son pocas), la presencia de Dios que me busca de una manera impresionante.
Me sorprende la forma fantasiosa en la que Este se hace encontrar, que al estar frente a mis amigos lo primero que nazca sea un agradecimiento hacia Él, que buscó tanto mi amor, que me haya hecho encontrar justo esta parroquia, que cuando la encontré ya estuviera pensada toda la historia que he vivido últimamente y que seguiré viviendo junto a Él, la forma en que cada vez se hace más presente, y que ahora mi existir esté tan entrelazado con la relación que tengo con Él.
Pero yo creo que lo que más me impresiona es que Este sea mendigo de mi amor, yo creo que es algo que se escapa de lo pensable, es algo que va contra lo normal, ¿Cómo este todopoderoso podría mendigar (¡MENDIGAR!) mi amor? Y es tan así, me busca tanto, que me pone delante una compañía fiel en la cual siempre apunta a Él, me pone en un lugar donde sé que siempre puedo volver y donde Él siempre está, ¿Qué tengo que hacer más que recibir?
Yo creo que por esto me quiero confirmar, porque es reconocer y afirmar que encontré una compañía bella, una casa a la que siempre volver, y una Relación que me sostiene y de a poco va sosteniendo las cosas de mi vida. ¿Por qué digo que va sosteniendo las cosas de mi vida? ¿Cómo me doy cuenta que es así? Porque por ejemplo cuando las cosas no van bien en el colegio, o con mi familia, o siento que las cosas no me llenan, tengo la necesidad de volver a Él, de pedirle que me acompañe.
No creo haberlo entendido todo, de hecho hay muchas cosas que todavía no entiendo aún (sé que recién tengo 17, no puedo tener todas las verdades de la vida conocidas) pero reconozco que hay Uno conmigo y que estando en sus manos las cosas florecen, así que quiero estar con Él» (Benjamín)

«Sólo me podría confirmar gracias a una experiencia, un camino recorrido y debo reconocer que parte desde pequeña por mi familia, ya que ellos me enseñaban que Dios era un padre que me amaba mucho, pero sólo lo veía algo lejano que no tenía relación conmigo, como alguien que sólo está en el cielo. Esto cambió de a poco, comenzando por cuando entré a confirmación, y el primer tema que hablamos fue sobre la felicidad, esto me llamó mucho la atención ya que yo sí tenía el deseo de ser feliz al igual que todos y esto sí se relacionaba conmigo. Aquella vez se nos preguntaba claramente ¿Quieren ser felices? ¿Qué los hace feliz? Y fueron preguntas que me acompañaron por mucho tiempo, pero intuía que la respuesta estaba ahí ya que en ellos se veían caras felices.
El hecho que más marcó a la respuesta de esas preguntas fue mi primer campamento, allí descubrí que ahí había algo grande, que formaba una amistad entre ellos que los hacía muy felices y donde también se me invita a entrar en ella. Me acuerdo que un día se hizo un momento de cantos y bailes donde no pude quedar indiferente, al contrario me asombré mucho de lo que se estaba viviendo ahí (con risas, cantos, alegría, bailes, amigos, etc.) porque no sólo era un buen rato con los amigos, sino que había algo más que sobresalía con una felicidad excepcional, me parecía muy extraño pero al mismo tiempo me maravillaba esa amistad que se vivía y ese ambiente que me llamaba. Ese día me di cuenta de que no era sólo una amistad y que estaban contentos, había algo más que los unía, una presencia mayor a ellos que era Dios. En ese momento intuí que todo aquello, era felicidad dada por algo más grande, porque no provenía de ellos y esto de a poco se me fue mostrando y entendiendo, pero sí se me mostró que la felicidad se encontraba allí, con esa presencia que sobresalía.
Luego fui formando una amistad que es algo fundamental porque es necesario una compañía que camine junto a ti y te ayude. Aquí me surgió otra pregunta ¿Puedo ser así de feliz como lo viví en el campamento en toda mi realidad cotidiana? Para estar frente a esta pregunta se me hizo esencial la presencia de mis amigos porque primero ellos veían la realidad con otros ojos, una realidad nueva, donde el día lunes puede ser un comienzo de una aventura para la semana, donde ellos me testimoniaban que esto es para toda la vida, para toda mi realidad. Y segundo ellos me ayudan a mirar mi realidad así, a mirarla bien. Esto lo fui aprendiendo y se me fue regalando por Dios que era él que entrega novedad a mi día a día, reconociendo que todo lo que se me presenta en mi vida es un regalo que él me da y todo se vuelve un regalo, una sorpresa, la vida se vuelve novedad y un dialogo con Dios. Incluso en los momentos difíciles que se transforman en ocasión para algo, o mis mismos pecados que se convierten en ocasión de perdón y misericordia.
Saber que Dios está siempre presente en mi realidad mostrándose en mi familia, en mis estudios, en mis amigos, me llenaba de felicidad. Por ejemplo en un clase de biología, que es la asignatura que más me disgusta, me di cuenta que incluso ahí podía estar Dios, solo si abría los ojos. Ya que sucedió que la materia pasada por el profesor no era tan mala, al contrario me produjo curiosidad por aprender, la logré entender, generando preguntas al profesor y además ayudé a mis compañeras con la materia. Todo esto sucedió sólo si abría los ojos para ver que Dios se encuentra en toda mi realidad haciéndola nueva y luego eso se volvió una razón y centro de mi vida. Porque me daba un motivo para levantarme por la mañana, para ir al colegio, para estar con mi familia, ya que todo eso, Dios lo hacía nuevo y me hacía feliz.
No siempre puedo estar con esta postura de que Dios me regala todo el presente por un bien, porque soy humana y frente algún problema o dificultad que no entiendo, es difícil. Este año se me presentó un poco de esto [...]. El dolor nunca lo entendí bien porque pensaba que era algo malo y siempre lo evité, nunca en mi vida había enfrentado el dolor hasta este año. Lo quise enfrentar y no evadirlo, porque si todo lo que me presentaba Dios era un regalo, quería descubrir que había allí, aunque fuera difícil para mí, pero confié en él. Todos los días hice más presente la oración, pidiendo que me diera fuerza para enfrentar las cosas y él lo hacía dándome una paz y tranquilidad que no había conocido, me daba cuenta de que no estaba sola en mis dificultades, de que me acompañaba y me sostenía aunque que no quitara el dolor, pero sí lo podía llevar con una plenitud. Logré entender que lo que pasó en su momento dolió pero Dios me acompañaba y sostenía y también que todo lo que pasó fue para mejor, para entender algunas cosas, aclarar situaciones con mis padres fortaleciendo la confianza y terminar una relación que no me hacía bien. Entonces incluso el dolor se hace nuevo y tiene un sentido, donde Dios hace todo por nuestro bien y porque nos ama infinitamente, haciéndose así una vida feliz con una realidad nueva siempre.
Todo esto que he contado es un pequeño resumen de algunas cosas más importantes e increíbles que he encontrado en mi vida: que son haber encontrado la iglesia, con una amistad que te acompaña ayudándote a crecer y con encontrar a Dios que se ha vuelto fundamental ya que es la fuente de mi felicidad. Y me confirmaré porque quiero consolidar la certeza que he encontrado en mi vida en Dios, que se relaciona con todo: mi familia, estudio, amor, amigos, cotidianidad y dolor. Ya que él es el fin último de todas las cosas, es la razón de levantarme por las mañanas y vivir, por esto quiero confirmar en la Iglesia, porque ¡Cristo vence en mi vida!» (Catalina)

«“Es bello para nosotros estar aquí”, quizá, esta frase que dice Pedro muestre un poco la razón por la cual voy a contar la Belleza que invadió mi corazón y mi vida a lo largo de estos dos años.
Antes de entrar a Confirmación, recuerdo que todos los domingos por la mañana mis padres me proponían ir a misa, a lo que yo siempre respondía con un “me da lata” o simplemente un “no quiero”. Un día en particular fui con ellos, me encontré con un cura, un hombre muy entusiasta, que me invitó a ir tres veces a confirmación a lo cual dije que sí, sin saber bien qué es lo que vendría, ni qué ocurriría. Fui al primer encuentro: hablamos de la “felicidad” y de lo que cada uno pensaba sobre ésta, para mí esto fue algo nuevo, nunca antes me lo había preguntado, qué era la felicidad, pensaba en lo extraño que era ese lugar, pero al mismo tiempo qué interesante seria quedarme ahí, en donde me proponían estas preguntas y se veía que tenían una respuesta al fijarme en el rostro de mis monitores y el cura porque qué ilógico seria herir el corazón sin tener  algo con el cual curarlo. Así fue como ya en el cuarto encuentro, este hombre, Marco, el que me había invitado, me pregunta qué hacía allí, si ya habían pasado las tres veces, a lo que yo le respondo, que seguiría asistiendo porque sentía que de lo que se hablaba tenía que ver conmigo. Este hecho, es algo que no me deja de asombrar, que este sujeto me estuviera entregando su amistad, regalándome desde el primer momento la relación que él tenía con Cristo. En este primer año el momento que más me marcó fue el testimonio que dio una chica en la caminata de los andes. Lo que más me asombro no fue lo que dijo, sino cómo era ella, cómo vivía tan intensamente la vida y el brillo que sus ojos emitían. Fue entonces cuando deseé querer vivir así, como ella, con el mismo asombro por el cual le brillaban los ojos, ¡le brillaban los ojos!, ¡yo quería ese brillo!, quería que fuera parte de mí, porque este brillo, este amor, es la respuesta a todas mis preguntas, deseos y dolores.
Reconocerme amado por un infinito, por este Alguien, fue un descubrimiento inmenso que se hizo palpable, gracias a la compañía de mis amigos, que me provocaran constantemente a buscar, a buscar la Belleza dentro de la belleza, a Cristo. En el segundo año, comenzamos a conocer la vida de un hombre, Jesús, el único hombre que ha encarnado este infinito, fue algo muy lindo pero al mismo tiempo muy difícil porque se nos pedía mirar en nuestra vida más allá de lo superficial, mirar, la profundidad de las cosas y para mirar bien teníamos que decir “sí” a Cristo para ver con sus ojos, lo que teníamos en frente y apreciar su valor, la esencia de las cosas. Hasta aprender a mirar el dolor, que tantas veces fue un impedimento para avanzar, como una instancia para acercarme al Infinito. De a poco con este primer si, a esta Presencia, a este Amigo, me di cuenta de algo revolucionario: ¡yo podía conocer a este Hombre! (a pesar de que vivió hace 2017 años), Él se seguía (sigue) manifestando en este lugar, en esta compañía que era la Iglesia. Cristo, ¡aquí, presente conmigo! Lo único que él espera para penetrar toda nuestra humanidad, nuestra naturaleza que tiende a Él, es un “sí”, ¡solo un Sí! Nada más, un si pequeño y pobre que viene de mí, un hombre frágil pecador ¡y aun consciente de esto, se me dona entero para así dármelo todo! Este reconocimiento de un Padre que te lo da todo es el gran paso, que hace nueva la vida porque, luego, el corazón no se puede conformar con nada menor que este Infinito. Desde este punto, la vida ha sido una contante explosión de Belleza, desde ser contento, insólitamente, frente a la rutinaria rutina, hasta ser contento, por Estar aquí, ¡cómo no querer seguir viviendo así toda la vida!
Hace no mucho un amigo nos preguntó que si nos quedábamos, por qué seria, qué tenía que acontecer para permanecer en este lugar.
Ahora sé que me quiero confirmar por esto: quiero que Cristo esté presente en mí siempre, Permanecer en Él, pues, toda la realidad y lo que tengo ahora es una gracia, un regalo que me hizo (que sigue haciendo) y puedo decir que es Bello, Estar, Aquí, para Nosotros, porque, estás Tú, Cristo sosteniéndonos y nosotros en búsqueda de Tí» (Joaquín)