¡Un Imprevisto es la única esperanza!

¡Un Imprevisto es la  única esperanza!

Testimonio de Martina

Una chica que vivió en el Imprevisto

 

Yo me llamo Martina y soy parte del Imprevisto desde hace dos años. Mi experiencia habla de un deseo. Un deseo que siempre ha habitado en mi corazón y que por cuánto fuera anhelante, en un cierto periodo ha incluso devorado mi corazón, porque le había dado el nombre equivocado, la forma equivocada.

Empecé a drogarme cuando tenía catorce años; un poco porque me sentía sola y abandonada, sobre todo por la vida, un poco porque no encontraba un motivo real para empeñarme y convivir con todo lo que soy.

Por varios problemas familiares a los tres años y medio fui a vivir en una comunidad en la cual crecí hasta mis catorce años, momento en el cual después fui a vivir con mi papá. La traición para mí había sido demasiado grande, un posterior abandono, una posterior herida, y me rebelé a todo y a todos. Decidí en manera muy fría que ningún adulto habría tenido nunca más un rol en mi vida. Cuando creces en modo autorreferencial tienes que hacer estrategias para tirarte para arriba frente a tu insuficiencia. Yo tenía las drogas y una buena dosis de presunción. A los 19 años estaba desesperada.

Una noche en lágrimas me dije: necesito volver a sentirme en casa. Así la elección de la comunidad, único lugar que en mi vida he sentido como tal -como casa-, pero el Imprevisto fue distinto. Siempre había entendido la casa como un lugar afectivo, de consolación. Aquí descubrí que la casa es donde el corazón descansa. Donde no te quitan la fatiga que llevas sino que esa fatiga viene mirada y cargada juntos, y finalmente puedes ser toda la pequeñez que eres sintiéndote igualmente grande. En esta comunidad me han quitado todas las máscaras, toda mi apariencia de intocable. Yo delante de esto he escapado, también físicamente, más de una vez. No ha sido fácil aceptar la verdad más profunda de mí misma, pero sobre todo no ha sido fácil aceptar que puedo conocerme realmente solo a través de los ojos  de otro. Grazia, la responsable, siempre hace un ejemplo que según yo da muy bien la idea: yo en este momento estoy hablando, pero son ustedes los que me ven, son ustedes los quienes me dan un rostro. Bien, yo siempre he creído que cada uno tenía que lograr vivir solo, con el esfuerzo propio, esto para mí era ser fuerte, ser libres. Hoy estoy experimentando por primera vez qué es de verdad la libertad: poder elegir vivir más allá de mis limites de insuficiencia, consciente de que existen -los limites-, pero sabiendo que son el trampolín de lanzamiento para esperar que todo llegue, porque son la confirmación que mi ser limitada es el presupuesto para hacer cosas grandes.

He descubierto que estamos todos en el mismo camino: jóvenes, adultos, ancianos. Todos tenemos la misma tarea: ser felices. Puede parecer banal decirlo, pero es esencial, porque si ambos sabemos que deseamos encontrar un punto de luz hoy, entonces podemos ayudarnos, para buscarlo juntos. He descubierto que todo es una búsqueda continua, porque es lo que me tiene en movimiento, entonces en vida.

Hoy puedo decir que la alegría para mí es precisamente aquello de lo que siempre escapé: una relación. Sentirme responsabilizada por Grazia, sentirme lanzada por Silvio, ser retada por Giancarlo, sentirme llamada por un operador o una compañera, mirar la conmoción de mi padre cuando estamos juntos… he terminado, he terminado. Estas son las fuerzas que han movido la historia, y automáticamente mi corazón porque he descubierto que todo ha sido y es todavía ahora para mí: lo que he vivido, estas personas. Todo ha tenido un significado, y yo no puedo no ver cuánto bien me está trayendo… la última frase! Espera, espera!… Me gusta usar el término “descubrir”, porque quiere decir que esta verdad ha estado siempre, era necesario solamente sacarle el velo que la cubría.