Allí tú y yo estamos en Casa

Allí tú y yo estamos en Casa

Gilber Keith Chesterton

Allí fue conducida una Madre,

vagando sin posada;

en el lugar en que Ella estaba sin techo,

todos los hombres están en casa.

El establo cercano, en mal estado,

con maderas crujientes y suelo de tierra, resbaloso,

creció como algo más fuerte, para habitar y permanecer,

que las piedras labradas del imperio de Roma.

Pues los hombres tienen nostalgia incluso cuando están en sus casas,

y se sienten como forasteros bajo el sol,

como extranjeros reclinan sus cabezas en tierra en los cojines,

al final de cada día.

Aquí combatimos y ardemos por la ira,

tenemos ocasiones, honores y grandes sorpresas,

pero nuestra casa está allá bajo aquel cielo de milagros,

en el cual inició la historia de la Navidad.

Un Niño en un establo miserable,

con las bestias calentándolo rumeando.

Sólo allí, donde Él estuvo sin techo,

tú y yo estamos en casa.

Tenemos manos que modelan y cabezas que conocen.

Pero nuestros corazones están perdidos –¡tanto tiempo hace! –, en algún sitio,

donde ninguna carta marina ni barco nos pueden mostrar,

bajo la cúpula del cielo.

Este mundo es salvaje como relatan las fabulas antiguas,

y también las cosas obvias son extrañas,

basta la tierra y basta el aire

para suscitar nuestra maravilla y nuestras guerras;

Pero nuestro reposo es lejano como el soplido de un dragón

y encontramos paz sólo en aquellas cosas imposibles,

en esos batidos de ala fantásticos que volaron en torno a aquella estrella increíble.

De noche en una cabaña al abierto

llegarán todos los hombres.

A un lugar que es más antiguo que el Edén,

y que en lo alto se eleva más allá que la grandeza de Roma.

Llegarán al final del viaje de la estrella cometa,

hasta ver cosas imposibles pero que existen,

hasta el lugar donde Dios estuvo sin un techo

y donde todos los hombres están en casa.